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domingo, 7 de diciembre de 2014

EL INDIGENTE

En una charca un indigente tendido estaba
Sucia su ropa, sucio su cuerpo, sucia su alma.
Su magra mano en señal de auxilio él estiraba
Nadie lo vio, todos pasaron sin decir nada.
Un nubarrón cubriendo el cielo arremolinaba
Te ahogaré, vas a morir, él oía que le gritaba
Hoy me confieso, sus pecados, Dios escuchaba.
Estás conmigo, tú alma sucia con esta lluvia queda lavada
Y así murió, limpio por dentro, sucio por fuera, como él estaba.

Autor: Emilio Fernández