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domingo, 15 de marzo de 2015

ROMANCE SENTIMENTALISMO Y LAS GANAS DE CAGAR

Un relato…

      Una joven atribulada por la oscuridad que envolvió su matrimonio, dilucidaba las posibilidades de divorciarse a pesar de que sentía amor por su pareja. Conversó con sus padres y estos le recomendaron al abuelo, un hombre sabio, pero que explica las cosas usando símiles de crudas e incomodas situaciones. No actas para gentes delicadas y susceptibles.

    Sentados en la sombra del zaguán la joven le pidió al abuelo que le explicara a que se debía la muerte del el sentimentalismo y si algo podía hacer para revivir el romance en su matrimonio.

     El abuelo se acarició la barba y le dijo. ― Para entender cómo se le da muerte a esta expresiones del romanticismo en el AMOR, haremos una comparación con las necesidades fisiológicas de cagar o de mear.

     Por un lado todo el mundo sabe que en el comienzo de la relación amorosa vuelan sentimientos como fuegos artificiales, el cielo permanece iluminado de la pirotecnia, con señales del contenido sentimental y toda la parafernalia ceremonial de los recién enamorados. Es un espectáculo espontáneo y gratuito para los espectadores. 

     Y por otro lado, quién no se ha encontrado en situación de estarse orinando o cagando en la calle y no tener un baño cerca. Venir en el metro apretujado aguantando las ganas y no poder ni tirar un pedo porque se baña en mierda. No hay manera de disimular lo que se está sintiendo; lo que se hace con el rostro es un espectáculo; se pone pálido, de tonalidades verde y amarillas; mientras cambia de colores se acompaña con gestos forzados para que no se vea  la angustia, el desespero, y sobre todo para que no se den cuenta que estamos pasando por una conocida señal de quien está a punto de... El solo imaginar que los esfínteres se nos suelten y se ponga la torta en la calle, es toda una completa manifestación que la ve todo el mundo, igual se ve al romántico sentimentalismo en su etapa inicial.

    No hay forma de evitar que se den cuenta que nos vamos cagando o meando, o de que estamos enamorados. La manera de caminar y gesticular es el vivo retrato de alguien que está pasando por una explosión emocional. Ahora; supongamos que no se pone la torta en el vagón del metro y se logra llegar a un baño a tiempo, eso sí es placer, con que gusto y pasión se expelen los excrementos o la orina. Este éxtasis en la poceta, es un transcendental poema de amor, nunca se olvida.

       Ahora hija fíjate en esto. Dos personas se conocen, se simpatizan, se gustan, crece el interés y empiezan a dar evidencias de que les está pasando algo excepcional. Se confiesan sus sentimientos y se suscitan varias citas donde se les ven acaramelados. Todos los gestos, manera de hablar, el brillo de los ojos, el color de la piel, hasta un niño se da cuenta que están enamorados.  Las ganas de compenetrarse de uno y otro no son tan solo de entendimiento, quieren morir abrazados y fundidos en las llamas lujuriosas del sexo.

    Supongamos que se concierta una cita donde ambos se van reventando con las ganas de follar por primera vez, el preámbulo es una brindis o una cena, ella espera que él diga vamos, y él, por el momento oportuno para no fallar en el pedido. O bien, ella le dice directamente. ― Vamos a romper la piñata antes de que se vayan los invitados. Pero eso sí, no puedo amanecer en la calle, dispongo hasta las dos de la mañana para que funcione cualquier excusa con la familia.

    Ver salir del restaurante a estos dos tortolitos para ir a buscar un Motel, es un comportamiento que habla, va gritando de emoción ¡Vamos a Follar! Los sentimientos  entran en el silencio previo que anuncia el terremoto que va a venir. Hay temor de decir algo que eche a perder lo que ya está aceptado.

    Son las diez de la noche y el enamorado conduce el vehículo sintiéndose igualito como el que se está cagando, no ve el momento de estar en el cuarto del motel. Recorre la ciudad para llegar a su sitio preferido, el carajo que atiende lo saluda y se inclina por la ventanilla para curiosear el rostro de la mujer, antes de decirle ―Pedro…  lo lamento, no hay habitación. ― Este es el momento dónde el enamorado, igual al que se va cagando, cualquier retardo o espera en un semáforo o en una parada, le produce un pre-infarto, y ella en ese momento, tiene tantas ganas que no padece de prejuicios.  Así que ni le para al hecho que el novio conozca el lugar y le propone la solución, lo guía al lugar donde ha matado las ganas otras veces.

Ç   Imagínate el alivio esperanzador cuando en este lugar el encargado les da el número para que entren con carro y todo a su apartado. Se cierra el estacionamiento y el sale del carro con ella colgada del cuello metiéndole la lengua hasta la garganta. Pero esa incomodidad no es impedimento para llevarla a horcajadas con el rostro aplastado con el de ella y sin poder ver bien logra abrir la puerta del cuarto.

    Tu ha visto como Superman mientras corre a la velocidad de la luz se va quitando la ropa de Clark Kent, estos dos enamorados sin despegarse lo hacen con la misma rapidez, (hasta hoy no he podido averiguar dónde carajo Superman mete la ropa que se quita), pero en el cuarto del hotel, de la puerta a la cama no hay más de dos metros, y cuando llegan lo hacen desnudos, la ropa regada por todas partes.

    ¡Wow! Es como estar a salvo ya sentado en el retrete, se le da rienda suelta a todo lo que tenga que salir, ambos enamorados quieren quedar bien entre ellos y a la vez satisfechos. Acabó el desahogo y el sentimentalismo expresión del romance se asoma lentamente de su silencio para verificar con sutileza que tan bien hicieron el sexo. Los rostros son un claro espejo de lo que ocurre en el alma, y debe concordar con lo que se expresa.

    Supongamos que el sentimentalismo sobrevivió a ese primer encuentro sexual y a sucesivos choques mortales, y es bautizado con el apellido AMOR.  Los dos personajes deciden juntar sus vidas, de manera formal o simplemente rejuntados. Ahora tienen la poceta a la mano, tienen la confianza que siempre estará ahí para hacer sus necesidades, bajan las manifestaciones lumínicas porque da la impresión, de que no hace falta lanzar fuegos artificiales sin ser Navidad, y esta ocurre una vez al año.

    El sentimentalismo y el románce se apaga, y queda el AMOR en la monotonía, la rutina, la costumbre y en territorio seguro. Pasa el tiempo, y la expresión sentimental titila por el roce de una que otra partícula arrastrada por el viento, la voluntad y las ganas intercambian pesimismo y flojera. Ya ni follar hace que a la cama les tiemblen las patas de miedo…  Silencio… cruel silencio para el que extraña los días de fiestas.

   Un día ella o él, re-descubre que puede tener efervescencia  sentimental, pero motivados por otra persona. Si es ella, comienza a brillar como luciérnaga en la oscuridad y manda para el carajo la relación, a él no le queda más remedio que volverse un sentimentalista solitario, repasando culos olvidados o pagando la tarifa reglamentaria. Por supuesto que puede ser a la inversa, y sea ella quien se quede sola gimoteando, viendo cómo se le humedece la pólvora de encender el fuego pasional.

    El amor es como la máquina de vapor, si dejas de echar leña a la caldera, el tren llega hasta donde le dura el impulso que trae. Y si no le metes comida al estómago, no hay ganas de cagar. Pero… sin leña en la caldera… ni comida en el estómago… no hay vida.

    Anda hija, ve y echa toda la leña que tengas a la caldera antes de él se tropiece con una yesca que estimule su pasión, o seas tú la encendida por otra antorcha que quiera quemar el mundo contigo… ― Antes de irte cariño… ayúdame a levantar que me están dando ganas de…  ponerme romántico.

   Autor: Emilio Fernández.