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viernes, 8 de mayo de 2015

ACTIVIDAD PENSATIVA

     PROTECCIÓN ESPIRITUAL.

    Hola amistad. La mejor protección de un espíritu o de un pensante es Dios, en esto no cabe la menor duda para la mayoría de las personas. Entonces, para que se recurren a brujos, hechiceros, adivinos y a ejecutar todos los rituales que “expertos espiritualistas” les venden.

   Dios no fue mezquino o tiene hijos privilegiados, a todos les dio el poder de hacer su propia realidad, un libre albedrío que se respeta. Así, que si se cree de verdad en Dios, eso es fe, eso es confianza, eso es absoluta entrega en quien nos creó como espíritus y se tiene protección espiritual absoluta.

   El que no cree en su poder, duda del Dios que considera le creó. Esto no quiere decir que no se cumplan las maldiciones, los hechizos, los males de ojos y todas las aberraciones que le pueden ocurrir a un pensante cuando considera que fue embrujado. Lo que el pensante decrete esa es su verdad y eso es lo que se le materializa.

   Parece que me contradigo, al afirmar, que sí es un hecho real el que a una persona le metan un sapo en la barriga, o que todas sus desgracias es producto de un “trabajo” montado o mandado hacer por su peor enemigo. O que él o ella, está con esa pareja porque le hizo un hechizo.

    Son muchos los pensantes que van primero al brujo, al adivino, el médium, al que lee el tabaco, las cartas o la orina para que le diga lo que él espera que le diga: “que tiene una brujería encima”

   No me cabe la menor duda que este pensante cuando salga de la consulta del brujo, con la explicación que le dio el espíritu que habló por la boca del que humildemente se hace llamar materia, y cumpla todas las recetas que le mandó, se va a curar.  Sus males empiezan a desaparecer y se convierte en una persona convencida que puede dar testimonio del poder del brujo o de los espíritus que le llegan.

   Repito, para mi estos fenómenos son verdad en quien los está sufriendo y si los está sufriendo su única cura posible es encontrar un brujo más poderoso que aquel que le causó el mal.

    Lamentablemente este nivel de consciencia de un espíritu no da para más, su papel de víctima se le cumple al pie de la letra.  No cree en su poder y no se considera merecedor de tal virtud. Sin embargo no deja de cumplírse todos sus decretos, todas sus consideraciones, todas sus creencias.

     Dios no le ha quitado el poder, pero a él le parece más divertido considerar que sea otro pensante o espíritu el que lo está sanando o causándole las enfermedades y los males que padece producto de su psiquis.

    Si alguien conocido, al que las cosas no se le da como él quiere o está enfermo y sugiere que está embrujado, llévelo a un brujo. Esa es su verdad, y si usted le dice para llevarlo a un médico es capaz de ir para demostrarte que no tiene un mal físico y eso también será verdad. El doctor le puede escanear hasta los cabellos y no va a encontrar nada, lo que puede es sugerirle que lo lleve a un psicólogo y si lo hace; va a mandar al carajo a usted y al doctor.

    Reconozco que hay muchos pensantes trabajando duro con ellos mismos para liberarse y recobrar su poder, para ellos es que toco este álgido y controversial tema, ya que el asunto es una sutileza implantada culturalmente. Tenemos en nuestros registros mentales cualquier cantidad de data incorporada a nuestros patrones de cómputos, de cálculos, de análisis, y sin danos cuentas tenemos comportamientos impregnados con estas consideraciones que degradan al espíritu.

    El YO que somos no se ve, a menos que explores un punto de vista fuera de tu zona, o de la zona del YO, pero no cuentes con “tu aprobación para hacerlo”,  (este TÚ entre comillas es el YO). Vas a sentir que es irracional, ilógico, imposible, una falsedad, cualquier negación para no salir de la ZONA DEL YO que es “donde está la verdad”.  

    Romper con la ilusoria prisión que nos hemos hecho, no es una guerra a muerte, ni se verán como resultados rostros de odios, cadáveres o lamentaciones. No hay nada que haga más feliz a un pensante que descubrirse sus propios trucos, sus propios engaños, sus falsas o equivocadas creencias. La radiante felicidad  producto de cualquier aclaratoria consigo mismo le dura días, mientras no para de comprender la diferencia entre el YO que era y el Yo cómo es ahora con esta expandida comprensión de sí mismo como espíritu.

   Un espíritu solo es efecto de sus propias ideas, su protección va depender del contenido que le dé a sus ideas. Ahora, hay un detalle que quiero que observes; puede ocurrir que un pensante crezca en un ambiente social donde la influencia es a no creer en brujos, ni males causados por hechizos o algo parecido y esa es su idea, “incredulidad”,  pero puede suceder que encontrándose con una enfermedad o algún  mal psicológico, termine en manos de un curandero y resulte que se mejora o se cura. Luego vemos a este pensante haciendo proselitismo a favor de este tipo de curaciones.

   ¿Qué le pasó, si el no creía? Se supone que si su idea es no creer, nada de eso lo puede afectar. Pero, negar las realidades de otros no es suficiente para tener el problema resuelto, es decir, negar lo que no se comprende no significa que se conoce la causa del fenómeno.

     La inconsciencia espiritual impide hacer uso del poder del pensamiento de manera consciente, por tal motivo la protección espiritual que puede darse el pensante es depender de otros pensantes, de bajar al nivel de rituales y simbolosy a vivir en el misterio. Entendiéndose como misterio la presunción o la creencia de que hay una verdad ahí en eso, que no se conoce, pero se tiene la plena convicción de que algún día la va a saber y tendrá ese poder.

    Aquel que ha estado caminando con muletas, las necesita, si las abandona sin rehabilitar las piernas va a estar en peores condiciones. La rehabilitación espiritual en cada pensante tiene su gradiente, respetemos su capacidad para el control de su actividad pensativa.

    Ha sido un placer compartir, buen provecho.     Nos vemos pensante.