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domingo, 10 de mayo de 2015

TODOS LOS DÍAS DE UNA MADRE

  SOLO DIOS SABE PORQUE SUCEDEN ESTAS COSAS

    Para una madre todo lo malo que le pase a un hijo es una desgracia, ni imaginar la muerte. Sin embargo todo su amor, dolor y sacrificio se ve compensado cuando su hijo vive los efectos de una enfermedad o una circunstancia que no desea y quiere ser ayudado… ¡quiere vivir!  Y ella muy digna lo da todo con orgullo, hasta su vida si esa fuese una solución. Pero que me dicen de ese saludable y precioso niño, apenas abriendo los ojos al mundo y cae en el vicio de las drogas y se enreda con una pandilla. Cuando mamá se entera comienza su peor desgracia, a partir de ahí no habrá un segundo de reposo o de tranquilidad ni de día ni de noche para esta atribulada madre. Su adolescente hijo cree saber qué es lo que quiere y lo que le conviene y ella de rodillas suplicándole para que quiera ayudarse o para que reconozca que se equivocó de camino. Este espectáculo es deprimente para propios y extraños, y más cuando la personalidad del drogadicto se envalentona y trata a su madre con desprecio y agresividad. Ella estoicamente soporta que le robe sus pertenencias para mantener sus vicios, que la golpee, que la humille ante familiares y conocidos, solo con la esperanza que su hijo algún día quiera cambiar. Con vergüenza, reconociendo que su hijo se niega a ver el mal camino que lleva, se siente indigna, culpable, pero le sigue suplicando y rogándole a Dios por su bienestar. Pasan los días, los meses y los años, y la aciaga vida de esta madre empeora con el paso del tiempo, al punto, que personas ajena por compasión piensen que lo mejor que le puede pasar a esa madre es que su hijo muera, ya que las veces que ha estado en los reformatorios y en la cárcel, el sufrimiento padecido es una inmisericorde tortura en carne viva. Solo Dios sabe porque una madre tiene que pasar por eso y porque un hijo llega a esos extremos con el ser que más lo ama.

 Autor: Emilio Fernández