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domingo, 28 de junio de 2015

EL DOMINGO HABLO DE AMOR

        COINCIDENCIA DE SUEÑOS

Me mandaste a convencer que eras la mujer ideal para mí,
el mensajero actuó de buena fe, con mucha claridad de su objetivo,
dibujó tu figura espiritual con virtudes y cualidades acordes
a mi personalidad. Pudo ver mi alma sin que se la mostrara, hasta
aprendí cosas de mi que nunca había visto por su manera
de emparejar similitudes entre tú y yo, para hacer notar lo afines
que éramos, eso despertó mi interés. Por primera vez conocí noches
interminables, horas que duraban días, el tiempo burlándose de mí,
mientras esperaba la nueva cita con el vendedor de tu belleza.
Le pedía que me siguiera hablando de ti, su entusiasmo por
exaltarte me fascinaba, la sentía entrar por mi pecho, recorrer
mi cuerpo y mi alma para cifrar valores y concatenarte con lazos
de mis venas y bañarte con mi sangre. Para cada cita yo era el
entusiasta para el reencuentro, y ella, sintiendo la proximidad de
su éxito, viajó por mi pasado, describió mi presente y se embarcó
en mis sueños para conocer mi futuro. Como pareja de aves migratorias
viajamos entre nubes recorriendo el reino imaginado, en mi palacio
la hice atender como un invitado especial y quedó fascinada con
las obras de arte, la música entonada por el viento y sobre todo
el trato que le daba a los súbditos de mi mundo. Ocurrió de momento,
ella me miró a los ojos, apretó mi mano, dejó de hablarme de ti y
me invitó a conocer el mundo de sus sueños. No podía creerlo
Coincidencia de futuro, coincidencia de sueños, coincidencia de amor.
Nos detuvimos en la cima de  una montaña nevada para confesar
lo que sentíamos, ella me quiere en su futuro y yo la deseo en el mío.
Apartamos de sobre la mesa las tazas de café frio que no bebimos,
para tomarnos de las manos,  confesar nuestro amor y sellar el pacto
con un beso inmoral para el sitio público donde nos encontramos.
Nos corrieron de la cafetería, y entre enojos de unos y aplausos
de otros, nuestra felicidad siguió celebrando con besos en la acera,
fotografiadas nuestras imágenes por las curiosas miradas de quienes
creen que las muestras de amor, no le hacen daño a nadie.

Autor:   Emilio Fernández