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domingo, 26 de julio de 2015

DAMA DE NOCHE

El sol perdió de vista a la luna
no supo de ella por varios días
en la cola de un cometa leyó
un llameante mensaje de ella
notificando una forzada ausencia.
Desde ese día miraba la órbita
de la tierra donde cada atardecer
comenzaba a llenarla con su luz
para que se ocupara de entrar
en los sueños de los durmientes
y no permitir la invasión de las
tenebrosas tinieblas que anularan
su trabajo de iluminación del día.
Transcurridos los días la imagen
 de la órbita vacía motivó a la
 nostalgia. La luna compañera de
 vida, placida relación romantizada
con lo caliente y lo frío, con la furia
y la ternura, con el contraste de
la más convulsionante explosión
atómica de vida entre la más apacible
dulcificadora de calor quien lo
transforma y lo hace alimento
 accesible para el alma humana
está ausente, no está quien lo refleja.
"No sabes cuanto te extraño"
se leía en la cola de todo cometa
que surcaba el firmamento. "Llegaré
a mi órbita en el siguiente ocaso"
fue respuesta que activó llamaradas.
Desde ese orto no hubo nube negra
que tentara al poderoso rey
ni inconformidad en sus receptores
que empañaran la agitada alegría
que emergía de su explosivo núcleo.
Aquel atardecer de reencuentro
fue el inicio de una nueva visión
de la vida y de un vibrante sentir
que emancipó a ambos corazones
de la tediosa rutina de amar y ser amado
dejando de poner el toque extra para que
lo nuevo no se corroa con el salitre
que transportan los vientos de la vida.
"Amar cuidando el amor lo hace eterno"
Autor: Emilio Fernández