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viernes, 23 de octubre de 2015

IMPORTANCIA DE LA MANERA DE PENSAR

 

               DE LA LIBERTAD A LA ESCLAVITUD
     Cuando se usa la expresión “manera de pensar” hay que entender que se habla del contenido de los pensamientos, no se refiere a como se conduce el acto de pensar. El cómo se opera el acto de pensar, tiene que ver con el acto de elaborar pensamientos y es la causa directa de que la “manera de pensar” beneficie o no al pensante.
     La “manera de pensar” no es una sola manera que abarca todos los temas o aspectos que puedan darse en la vida de una persona, cada asunto en particular tiene su propia plataforma o base. Base que está construida de conocimiento, datos, información adquirida o producida por el pensante.  
       Si el tema es nuevo y el pensante no tiene una base de apoyo, y le interesa, procede a adquirir datos para fundamentarse. Procedimiento normal siempre y cuando el pensante reflexione y pruebe mirar apoyado en esta información adquirida para tener una opinión propia, así use las mismas palabras de la fuente de información.
     Aquel pensante que usa datos sin reflexionarlos, o no  los prueba como lentes nuevos para ver como mira con ellos, comienza a perder la libertad de decidir una localización propia desde dónde mirar. Podemos afirmar que todos los puntos de vistas son propios, aunque se esté repitiendo como loro lo que otro ha dicho. Así que cualquiera puede decir con razón que tiene su propio punto de vista, lo que hay que saber es si es una posición o un punto de vista donde mantiene libertad.
      Las religiones están llenas de pensantes que no hablan por ellos, no son los que traen a colación palabras dichas por otros en un contexto donde exponen sus puntos de vistas, simplemente repiten el texto y esa es la verdad. Por supuesto que hay líderes religiosos  carismáticos con el don de ser ellos los que están comunicando lo que piensan para satisfacción de los creyentes que aman la libertad y la auto-determinación.
       La “manera de pensar” recae en todos los pensantes sin distinción de clase o estatus social, y he ahí su importancia, sobre ella va toda la culpabilidad de las conductas y maneras de ser que son más dañinas que beneficiosas. Lo primero que se le pide a una persona que reconoce un problema en ella, es que cambie “su manera de pensar” Pero antes de este consejo se debería comprobar con cuanta libertad dispone en la plataforma donde se ha poyado hasta ahora para observar el asunto que quiere resolver.
      En otras palabras; pregúntele a alguien en el vicio, o pregúntese, que piensa de consumir drogas. Si habla con franqueza, esas opiniones le darán pistas para ver cuanta libertad y determinación dispone. Libertad que implica cuan reflexivo y determinante es en ese asunto.
      En la parte superior del cuerpo, en la cabeza ocurren muchas cosas y a todas se le llaman pensar, ejemplo, recordar, imaginar, divagar, alucinar, etc. Se afirma que el cerebro o la mente es la que piensa y pareciera que la personalidad resultante de esos cómputos mentales es el ser en su esencia, el mismo que el 99, 99% de la población le llama espíritu, alma, ser superior, etc. La personalidad resultante de los cómputos mentales sería algo así como las fantasiosas películas donde los androides desarrollan una personalidad casi o completamente humana. (Ejemplo: Película con Will Smith en “yo robot”)
       Con esta visión de un Yo resultado de un programa de datos en un procesador llamado mente, ¿cómo se le puede pedir a una persona que cambie su “manera de pensar”? A menos que se demuestre que el ser humano es un avanzado producto cibernético creado por inteligencias superiores que puede auto programarse. Probado esto, se acabó la idea de Dios y de todas las religiones o creencias espirituales.
      Sin embargo, demostrado está de sobra que el pensante puede cambiar comportamientos, cambiando “Su manera de pensar” (creando pensamientos con nuevos contenidos) con una visión clara de ser el operador del acto de pensar, y sintiéndose el productor de los pensamientos nuevos con los que va a observar y a juzgar el mundo desde esa perspectiva.
      Para cambiar una manera de pensar, la base de datos o pensamientos conclusivos que el pensante usa como plataforma de apoyo para observar deben cambiar. No hay otra forma libre de lograr los cambios en la personalidad o construir un nuevo rol que antes no se tenía.
       Existen medios violentos y otros menos dolorosos para someter la voluntad de un pensante y conducirlos asumir una posición o punto de vista, con poco o ningún criterio. Estas personas al final se acostumbran a estar cómodos con la falta de libertad y determinación y defienden su “manera de pensar” con un radicalismo extremo.
        Las nuevas maquinarias tecnológicas se están desarrollando para ser más eficiente  en la manipulación del pensante. La competencia de los grandes emporios tecnológicos de los medios de comunicación es inducir “maneras de pensar” pre programadas.
       El procedimiento es sencillo ya no hace falta clasificarte como público, por edad, estatus, profesión, o usar tu signo zodiacal, tú mismo les muestras tus inclinaciones y al cabo de unas horas ya saben de qué lado de la cama duermes. El decirle a la gente que a uno le gusta algo no tiene nada de malo, todo lo contrario, la sinceridad se aprecia, pero el pensante tiene que resistir ahora el acoso subliminal para que toque puertas o entre por caminos que antes no le interesaban o no les prestaba atención.
        Con una mayoría de la población que desconoce la importancia del acto de pensar y la responsabilidad que tiene consigo mismo de no ceder ante nadie el rol de pensante libre y determinado, el mandado está hecho, esta sociedad muy pronto la conducirán con unas riendas y un bozal unos zagaletones desde las aguas térmicas y burbujeantes de un jacuzzi en el palacio.
       De la libertad a la esclavitud se puede ir tan rápido como apagar una luz, o tan lento y ligero que no se nota el cambio de posición. Pero yo soy de los que viven encantado con los avances tecnológicos y estoy disgustado porque a esta fecha ya debiéramos estar dando paseos fuera del sistema solar, y no es una contradicción. Nadie le quita la libertad a un pensante sin su consentimiento.
        Aquel que no quiere que lo manipulen o lo induzcan a instalar “maneras de pensar”  para vaciarle los bolsillos; permitir un gobierno con funcionarios incapaces de cumplir sus funciones y de paso corruptos,  o tener miedo de entrar en Facebook o cualquiera otra plataforma, mi recomendación es:
a)      Asegúrese de tener un excelente control del acto de pensar y constrúyase usted mismo. Sea quien y como quiere ser.  
b)      Determine sus objetivos o metas, esto le dará claridad para saber qué cosa  se alinea o no a ellas.
c)      Las necesidades son prioridades inmediatas, pero hay precios que no se pagan, como es ceder la libertad o el poder de determinación.
d)       Nunca es tarde para recobrar la libertad en algún aspecto de la vida que se haya perdido por la razón que sea.  

  Querido amigo(a) ha sido para mí un honroso placer compartir. Que tengas buen provecho…      Nos vemos pensante.