Translate

miércoles, 4 de noviembre de 2015

DECRETOS DE VIDA O MUERTE

              CONOCE TU PODER

        Hola amiga(o). El poder de un pensante se demuestra en la concreción de sus decretos o postulados hechos de manera consciente y en control de la actividad pensativa. De esta manera mantiene una personalidad dotada de virtudes y actitudes que responden a su voluntad y se convierte así en una persona cuyos efectos derivados de sus pensamientos son más positivos que negativos, tanto para él como para la humanidad y el mundo que le rodea.
     Hay otra cara de su Poder, los decretos hechos estando fuera de control, bajo una fuerte confusión, dolor e inconsciencia, también se le cumplen al pie de la letra, pero bajo la dirección de la mente.
      Ya hemos dicho que un pensante no puede deshacerse del poder para convertirse en quien quiere ser o en quien no quieres ser. De hecho, muchos pensantes tienen un alto promedio de actitudes y maneras de ser que no les satisface o cuyos comportamientos les están arruinando la vida. Pero no tienen control de los decretos hechos que ahora son patrones o programas que no puede desinstalar de la mente.
      La sociedad invierte, yo diría mejor, desperdicia muchos recursos humanos, tiempo y material para luchar contra un mal que son los mismos pensantes quienes se los causan, los mantienen y son quienes se los pueden curar de manera definitiva.
      La salud física tiene abarrotados los hospitales con un gran porcentaje de pacientes que llegaron a ese estado por usar su poder estando inconsciente de ser un poderoso pensante cuyos decretos se le hacen realidad. Las enfermedades de origen psicosomáticas proliferan mucho más que las enfermedades causadas por otros agentes externos. 
     Un inconveniente para muchos profesionales de la medicina es su desconocimiento o la poca importancia que le ponen para determinar que tanto el paciente está participando para que la enfermedad se haya desarrollado, se mantenga y se resista a los tratamientos que se le están aplicando.
     Es cuestión de consciencia de todo pensante, tanto del médico como del paciente. El doctor que solo depende de los medicamentos que existen en el mercado, al final ya no sabe que recetarle a ese paciente que nada le presta o recae cada cierto tiempo, agregándole lo que debe sentir por las muertes que siente no pudo evitar.  Aquí es donde “algunos” se vuelven fríos, apáticos e insensibles para protegerse de alguna culpabilidad que les haga sentir que no son tan buenos médicos como crían.  
     La recuperación de un paciente, después de una intervención quirúrgica, de un accidente con daños físicos, o de otra enfermedad, va depender del control y uso consciente del acto de pensar. La amenaza de muerte, o sentirse estar en una posición delicada, es una experiencia que genera en el pensante un fuerte reacción, por la cual se necesita mucho control del acto de pensar para no ser uno mismo quien le ponga la tapa al ataúd con sus decretos.
     He oído con frecuencia que se les recomienda a las personas que no repitan ciertas expresiones por su significado negativo. Déjeme decirle querida amiga(o) que ya ese pensamiento que verbaliza “repetidamente” es un decreto muy bien instalado en su mente. No es que por repetirlos se la va a cumplir, se le está cumpliendo, ya es “una manera de pensar” que viene dictándole la conducta y solo es cuestión de tiempo.
      El poder de un pensante a través de los decretos es algo que se sabe bastante bien, pero la actitud común es inhibirse de decretar, se oye decir: “cuidado con lo que piensas”, o piensan algo y del susto dicen “cancelado, cancelado”. Es evidente que existe más un temor o un miedo a pensar, que una acción de análisis o reflexión de lo que se está considerando.
      Pero el asunto es, que cuando un pensante pierde el control, no tiene tiempo ni consciencia siquiera para repetir “cancelado lo que pensé”. El acto de pensar fuera de control en estas confusas y dolorosas circunstancias donde la amenaza a la supervivencia para uno, o nuestros seres queridos se presenta, todo lo que decrete el pensante es con el propósito de solucionar, de resolver, de ganar, de dominar, de tener la razón, de sobrevivir.
      Son decretos determinantes en la personalidad, que luego quedan instalados y a cuarenta años del hecho, todavía está el pensante en su fortaleza de acero tratando de sobrevivir de un vendaval que no existe.
     El miedo que se tiene por pensar ciertas y determinadas cosas, o por decir expresiones de manera descuidada, es como se ha dicho tantas veces; el miedo y el desconocimiento van de la mano. El miedo causa inhibición y más descontrol del acto de pensar cuando se aborde voluntaria o involuntariamente el tema o asunto. Es decir, pensará en aquello que no quiere pensar, hará lo que no quiere hacer y se sentirá cada vez peor consigo mismo.
       Los decretos, decisiones o postulados hechos por el pensante en momentos de descontrol o de inconsciencia carecen de análisis, las ideas las concibe inducido por el estado emocional en que se encuentre y los instintos naturales de un cuerpo que tampoco quiere morir. Para derogarlos o eliminarlos tiene primero que poder mantener el control y la consciencia suficiente cuando los vuelva a enfrentar como recuerdos en su mente.
       Tratar de cambiar las conductas como por ejemplo; dejar de fumar, de comer en exceso, tratando de cambiar mediante “no hacer la acción de…” sin cambiar los pensamientos o decretos es un rotundo fracaso. Y tratar de cambiar los decretos o “manera de pensar” sin recuperar el control del acto de pensar que se pierde cuando piensa en comida o en cigarrillos, es también un fracaso.
        Lo he dicho antes, tratar de hacer nuevos decretos por repetición diaria de pensamientos sin cancelar el programa que ya está decretado, requiere el uso de la fuerza para comprimir y mantenerlo presionado para que no salga como un resorte cuando la mente identifique que tiene que activar el programa. De esta manera vive desperdiciando atención y energía, sin agregarle el miedo que siente de volver a recaer.
       Sin embargo, hay muchos que acuden a profesionales para recibir terapias, y bien guiados identifican los hechos y las circunstancias donde se hicieron los decretos. La felicidad del pensante y del guía por identificar, el o los hechos donde se hicieron los decretos, se puede perder en corto tiempo si se da como concluida la desactivación del viejo programa sin hacer la acción definitiva de lograr que el paciente haga consciencia de las conclusiones y decisiones que en ese aciago momento vivió.
      La personalidad que ahora eres, tal como está, con sus virtudes y errores es producto de tus decretos. Asume responsabilidad despertando consciencia con la recuperación del control de la actividad pensativa.
      Primero recuperas el control para poder reflexionar tus decretos y con ellos dominados haces toda la consciencia que necesites.

        Ha sido un placer compartir, que tengas buen provecho.  Nos vemos pensante.