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viernes, 13 de noviembre de 2015

EL FUTURO DE LOS NIÑOS ESTA EN SUS DECRETOS

     TU TIENES MUCHO QUE VER CON SU SALUD Y SU FELICIDAD

       Hola amiga(o). Todos los caminos conducen al acto de pensar. La actividad pensativa es el punto de partida de todo pensamiento y por ende de toda realidad experimentada por el pensante.
      El traje de identificación, los implemento que conforman la personalidad y la manera de desempeñar los distintos roles durante la acción, nacen del acto de pensar, por lo tanto cualquier efecto positivo o negativo se puede saber qué condiciones existían cuando fueron creados los pensamientos que lo están materializando y que el pensante puede sentir.
      Las condiciones del terreno cuando se siembra la semilla son determinantes para la calidad del fruto. Es un lugar común este mensaje “no hagas decretos o tomes decisiones cuando estés en malas condiciones”  En momentos de ira, de fuerte aflicción, de terror, de confusión, etc. La mala condición se está dando en el grado que no controla el acto de pensar en ese momento, por lo tanto las condiciones no son las mejores.
        Esto lo repito con frecuencia; pedirle a un pensante que no haga o que haga algo cuando esté en una mala condición, aunque este pendiente de lo que debe o no hacer, casi nunca lo puede lograr, y no lo puede lograr porque en ese momento no tiene control del acto de pensar, que es la acción que necesita para hacer valer las ideas salvadoras y su cuerpo no va a responder.
       Instintivamente el pensante en momentos de crisis es cuando más hace decretos, y son decretos enmarcados en un absolutismo extremo. Palabras como “nunca”, “jamás” “todo el mundo”, “nadie”, “nada”, etc. Con sus significados forman parte de la idea que concluye, decreta y publica en la gaceta oficial de su mundo, un mundo donde el único que se va a regir por ese decreto es él.
      Existen grados de descontrol del acto de pensar, unos más y unos menos, por eso se confunde cuando alguien dice, “yo me pude controlar”, y piensa que todo el mundo puede lograrlo, así que se lo receta a todo pensante que plantea la dificultad, se le pide; “CONTRÓLATE”
      Inclusive en un mismo pensante existen grados de descontroles diferentes en distintos roles, temas, asuntos, o aspectos de la vida; Ejemplo; pierde el control con un ratón, pero se enfrenta a un león sin miedo.  Igual sucede en el aspecto positivo donde hay áreas en la vida que se alcanza un nivel de control excelente, donde la serenidad prevalece y los pensamientos que se producen en ese momento son de óptima calidad y fluyen sin tropiezos.
      Un decreto no anula otro decreto sin derogar el que ya existe, y para derogar un decreto, primero hay que hacer consciencia de cómo, cuándo y para que se creó. Ejemplo de decreto: “nunca más vuelvo a tomar aguardiente” o “nunca más vuelvo a parir” Como pueden observar esto se dice o se piensa en medio de la fuerte resaca o en medio de los fuertes dolores del parto. El decreto no anula el que ya existe, y pronto lo veremos borracho o embarazada.
     ¿Para qué se hace un decreto? Esta es la pregunta clave cuando no se está claro cuál era el propósito, o para confirmar que se ha identificado la idea correcta. Ejemplo; ¿para que decreta que no va parir más nunca? O para que decreta que no vuelve a tomar aguardiente. A veces es necesario reconstruir o revivir el momento pasado para encontrar para que se hizo ese decreto; ¿Qué se quería resolver o solucionar?, ¿Cuál era el propósito?  (En el ejemplo del borracho, tiene un decreto que lo hace ser bebedor y tenga la seguridad que ese decreto fue para algo y aún lo está solucionando, luego se le suma los efectos negativos en la mente y el cuerpo, y el cuadro se complica).
      Todo decreto tiene un propósito, y esa es la razón por la cual se crea el patrón de comportamiento, desde lo mental hasta lo físico para lograr ese objetivo. Así que si ya existen patrones de comportamientos que no responden a la voluntad del pensante, el camino corto y sin dificultades mayores para recuperar el poder o la voluntad en ese patrón, es volver al acto de pensar para recuperar el control.
      También puede dar la vuelta e ir por la línea temporal para hacer una reconstrucción de los hechos y hacer consciencia, “para que tenía que servirle esa manera de ser que decretó”. Un decreto se puede decir o pensar con distintas palabras o de distintas formas, lo que importa es la idea, ¿para qué es el decreto? ¿Qué quiere solucionar, evitar que se repita o suceda?
       En los decretos que se hacen en un gobierno, se escribe el por qué y para que se ha tomado esa decisión, pero al pensante el único registro que le puede explicar, por qué y para qué es como es, está en su mente; fuera de él no hallará respuesta. Aunque muchos viven consultando para que los curen de males cuya naturaleza es producto de sus decretos.
       En los primeros años de vida, cuando el pensante está sembrando las bases para desarrollar una personalidad, los decretos en su mayoría son básicos, no hay decretos previos y está expuesto a concebir ideas que en un futuro no lo van a favorecer o a crearles problemas de salud física o mental.
     Un hogar de padres belicosos, escandalosos, agresivos, violentos, que crean con frecuencia una atmósfera que mantiene al niño en constante confusión, dolor físico y sentimental, lo induce hacer decretos estando en descontrol. El niño en su intento por resolver, de salir del caos o de la difícil situación, y con poca base cognoscitiva y experiencia, hace decretos que luego de un tiempo, por su cuenta se le hace muy difícil cambiar el comportamiento que dicta.
      Toda conducta, todo comportamiento que se considera no le favorece a la persona, no cambia si no se trabaja con los pensamientos que dictan el patrón.  Pero por lo general, los padres, familiares y amigos acosan y acusan al pensante de ser un errado, un equivocado, de estar en malos caminos, de no ser una buena persona, van contra el pensante, quien en verdad no sabe porque es así, ni que debe de hacer para quitarse de encima esa manera de ser que lo obliga a marginarse de la familia y unirse con los borrachos, los drogadictos, los ladrones, y todos aquellos con los que se sienta identificado.
      Lo más grave de lo que está pasando con las nuevas generaciones que se descarrilan o se enferman por todas la deficiencias en el núcleo familiar, por causa directa de los padres o indirectas por el desastroso sistema que viven los pueblos. Es que los métodos de reparación de los daños que se están usando son deficientes, o no funcionan en absolutos.
     Después que el pensante es adulto, ya los padres muy poco pueden hacer para que cambie de rumbo, y si son menores de edad, ignoran cual es la causa que indujo o induce al niño a comportarse de esa manera o a mostrar ya una personalidad que se sabe no es la mejor ahora, y de adulto, lo va a favorecer menos.
      A todas luces lo que brilla es ignorancia, falta de información en una sociedad que se empecina en cuidar en primer lugar los intereses materiales de quienes controlan el poder, sin importar las vidas que se sacrifiquen.
      El control de acto de pensar libera, convierte al pensante en dueño de sus ideas, ideas que nacen producto de la reflexión ya que se mantiene en condiciones donde puede observar con serenidad y analizar los pensamientos que concluya para tomar las decisiones o hacer los decretos para solucionar, para resolver, para sobrevivir de la mejor manera.
        En conclusión; sí tenemos mucho que ver con lo que pasa en la humanidad, el futuro es de las nuevas generaciones, pero nosotros somos la garantía de que vivan mejor que nosotros.  

      Ha sido un placer, Feliz fin de semana y buen provecho.    Nos vemos pensante.