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lunes, 9 de noviembre de 2015

LA CONFIANZA EN SÍ MISMO NO CAE DEL CIELO

    TE VOY A DECIR COMO LOGRARLO

         Hola amiga(o). La libertad en el mundo propio, es la libertad que uno mismo se permite. El pensante libre no tiene para que cuidarse de sí mismo, tiene plena confianza en su control, y por ende en los pensamientos o decisiones que va a materializar.
    Usar un arnés de seguridad o cualquier otro método para cuidarse de sí mismo, es emprender el camino de las limitaciones, inhibiciones y pérdida de la capacidad creativa. La musa o la inspiración se ausentan.
     El asunto es que los pensantes no tratan de resolver confrontando sus miedos, sus dudas o sus inseguridades. Es más cómodo considerar que hay cosas (estados de ser, acciones o posesiones) que “no se deben pensar”. ¿Qué pasaría si los pensantes que están trabajando por encontrar una cura contra el HIV (sida) o contra el cáncer no piensan la enfermedad, se involucran y la observan de todos puntos de vistas, por miedo a enfermarse? ¿No has oído que muchos de estos emprendedores dedicados a la investigación prueban sus ideas o inventos en sí mismo o ellos mismo? Hay miedos obvios, pero no cobardía.
     Las respuestas a las cosas que son, o que pueden ser peligrosas, es pensarlas hasta entender sus causas y origen para encontrar soluciones. Si en una comunidad se sabe que disponen de un buen centro asistencial con todos los recursos para cualquier emergencia, la gente parece no darse cuenta que parte de su tranquilidad, de paz interna que le permite poner atención y disfrutar otras cosas, es saber que hay esas soluciones.
     El pensante que tiene certeza de su poder de control y en su capacidad pensativa, confía en sí mismo. Sabe que puede hacer aparecer los recursos en su personalidad para resolver y mantener el ritmo de sus sueños y esa es la fuente de su tranquilidad interna.
     Pero ésta actitud que recrea la confianza, la fe, o el talento necesario, no es gratuita, no la adquiere un pensante que huye de sí mismo. No la disfruta aquel pensante que no es capaz de confrontarse, mientras confronta con su pensar temas o asuntos que está sintiendo que no lo debe pensar, que debe evitar, que debe cuidarse y que debe de andar con casco y protectores “por si acaso”.
     Los cuidados o precauciones son normales cuando son producto de la reflexión y no de la reacción involuntaria. El joven se va de excursión y mamá lleva una semana repitiéndole todas las precauciones que debe tomar. ¿Qué creen ustedes, ayuda a que ese pensante se relaje y fortalezca la confianza en sí mismo?
     ¿Hasta qué punto llega la moderación? Eso lo va a determinar cada pensante en el momento de los hechos, y para ser justo consigo mismo y con los demás, debe ser un PENSADOR LIBRE.
     En la entrada anterior hablamos un poco de cómo se identifica el pensante en oposición aquello que no quiere ser, hacer o tener y su inverso. Aquello que quiere ser, tener o hacer en oposición a lo que es, hace o tiene. A los deseos los pensantes le dan una gradación de necesidad o importancia, esta consideración de que tan importante o necesario es para él, determina la actitud que asume para ese objetivo.
     Observe la fuerza o el esfuerzo que se hace, observando lo importante o lo necesario que es eso que desea o que no desea. Mientras más esfuerzo, hay menos confianza en sí mismo. Si usted se está diciendo, “tengo que…” O “no debo…” observe su actitud, ¿está relajado, tranquilo? Si no es así, no insista por ese camino. Si no está convencido de que usar la fuerza en el acto de pensar está propenso a que las cosas no le salgan como quiere, observe este ejemplo: Déjese poner una inyección por alguien que empuña la inyectadora con fuerza. ¿Le parece que es alguien que confía en su destreza? O conduzca su vehículo aferrando con fuerza las dos manos del volante y vera a los otros conductores como tratan de alejarse de su inseguridad que salta a la vista.
     Antes de que se manifieste el esfuerzo físico, o el que ocurre en el cuerpo, ya se ha estado “pensando” con esfuerzo. Si es así no le voy a recomendar que se relaje, o que se tranquilice o que piense positivo. No lo voy a ser porque eso ya usted lo sabe, no está tan insensible para no percibir su estado, y de seguro eso es lo que ha estado intentando sin éxito
    Tampoco le voy a recomendar la aspirina para salir de ese apuro y una hora más tarde volver a tener que respirar profundo N docenas de veces. Le voy a recomendar algo definitivo; hágase del control de su actividad pensativa, recupere el dominio del acto de pensar, ya que es con esta acción que produce los pensamientos y un pensante sin control de la acción para fabricar los panes estos le salen de mala calidad, incomible para cualquiera. ¿Entiendes lo que te quiero decir?
     Si alguien quiere una solución definitiva, no puede vivir descartando panes que no salen bien, para al final comerse los pocos amargos y quemados que le quedaron en la bandeja. Este panadero de pensamientos que es así, concluye que no sirve para panadero. ¿No crees tú que hay muchos que ha llegado a esa conclusión? Ir llegando, o llegar a una conclusión es el paso que precede a un DECRETO, y una vez que el pensante decreta que no es un buen pensador, quiere mudarse para la cabeza de alguien más. Todos los demás pensantes son mejores que él.
       La vida es un juego serio, cierto, pero la seriedad no implica rigidez, posiciones y actitudes resultantes de imposiciones autoritarias que nacen de las ignorancias y los miedos. Ya la humanidad ha sufrido retraso y consecuencias desastrosas que se pudieron evitar, pensantes atrapados en sus telarañas, pero con la autoridad para imponer condiciones, impidieron por décadas que nuevos descubrimientos, nuevos inventos se materializaran. Soluciones para muchos males que afectaban la humanidad y que hoy en día en esta época “moderna” también se sigue manipulando por puros intereses económicos y personales.
        La sociedad somos cada uno de nosotros, no es un ente abstracto o algo separado del pensante. Referirse a la sociedad no excluye, no hay mal allá afuera de la cual no tengamos parte de la responsabilidad. Comencemos por asumir la nuestra haciéndonos libres de uno mismo. La confianza en uno mismo es la esperanza que tiene la humanidad para sobrevivir.

     Ha sido un gran placer compartir, te deseo sin esfuerzo que tengas buen provecho con tus reflexiones.    Nos vemos pensante.