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martes, 15 de diciembre de 2015

DEJA TRANQUILA A LA NATURALEZA

      SIN ELLA NO HAY DONDE JUGAR

Deja que el sol brille, deja que la lluvia caiga, deja que el viento sople, deja que las nubes truenen y los rayos enciendan el bosque. Deja que la naturaleza diga lo que tiene que decir, no hagas por tus caprichos un problema y la sometas al escarnio público para que te den la razón, ella no tiene que consultarte para expresar lo que siente. Todos nos incomodamos en algún momento y buscamos otra posición para descansar y encontrar alivio. Ese suspiro de comodidad acompaña el nuevo rostro que se deja ver al desaparecer el malestar que aguijonea el cuerpo. Eso que ves y que llamas un desastre, es la sonrisa de quien ha sido maltratado y se ve en la necesidad de darse la vuelta, de cambiar de posición para que se le castigue en otro lugar de su adolorido cuerpo. La naturaleza tiene quien la entienda y defienda, ella no actúa por venganza, solo huye y trata de apartarse del inclemente castigo de la inconsciencia humana. Nadie como ella avisa con tiempo suficiente a sus amigos y enemigos para que se pongan a salvo, para que no se expongan cuando ella se reacomode, no tiene otro lugar a donde ir, pero sus mismos verdugos la culpan de la pérdida de vidas inocentes y de destruir su preciadas pertenencias construidas en terrenos de sus órganos vitales. El acoso a la naturaleza es incesante y le exigen como al niño víctima de maltrato, que no llore, que se calle mientras se le violan sus derechos a evolucionar por los dictados del creador. En la justicia del hombre, a la víctima se le acusa de criminal, por eso cuenta conmigo para defenderte.

Autor: Emilio Fernández