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lunes, 7 de diciembre de 2015

EL GUSTO POR LAS IDEAS

      APRENDE AQUÍ COMO AMARTE A TI MISMO

    Hola amiga(o) pensante. Antes de que a otro le gusten tus ideas, primero tienen que gustarte a ti. Empezamos el ciclo de la vida, apreciando las ideas de los demás, el tiempo que se tarda para empezar a darle valor a los pensamientos propios se convierte en una barrera.
      Son varios años imitando, copiando, y soñando con ser un adulto para comenzar a producir pensamientos que tengan algún valor. Ahora no solo el niño o el joven se cree que sus pensamientos no son valiosos; también los adultos los ven como pichones cuyos pensamientos solo se ven como curiosidades para reír o hacer alarde con los amigos.
     Sin embargo la mayoría de los pensantes exitosos en cualquier campo, pueden dar fe que desde muy temprana edad produjeron ideas en ese campo donde ahora es un reconocido talento, puede decir que siempre le gustaron sus ideas y estas nuevas que produce en el presente son como continuación de aquellos retoños de ideas.
     Al pensante que le gustan sus ideas se gusta a sí mismo, no se puede amar a sí mismo si no está satisfecho con sus pensamientos. Y cuando dice que ama o le gusta una persona por su calidad humana, está amando los pensamientos de ella.
     Si lo deseas detente en este momento y examina que tan satisfecho estas con tus ideas, este examen lo haces observando tu manera de ser, pero ahora hazlo considerando tus pensamientos, los que has producido y los que te crees capaz de producir. ¿Cómo te sientes como productor de “buenas” ideas? ¿Te gusta lo que escribes, lo que pintas, lo que cocinas, lo que diseñas, etc.?
      Para desarrollar el gusto por las ideas, se comienza en casa, en uno mismo. Y para que ocurra ese desarrollo se debe pensar mucho, se debe producir muchas ideas para familiarizarse con el propio estilo y la manera particular de expresar o de comunicar los pensamientos.
      A veces se confunde y se ve como una limitación el estar satisfecho con los pensamientos materializados, o con la obra producida por creer que se está considerando que ya se logró la perfección. Cada obra terminada debe ser una obra que satisfaga plenamente al pensante, si está concluida es perfecta para él.
     Ahora, ¿que opinen los demás, o que gusto sientan por la obra?, eso es otra cosa. La manera defensiva como se repelen los efectos de la apreciación de las obras que se dan a conocer, es afirmando que no nos importa lo que piensen los demás, pero surge una contradicción; sí nos importa o si debiera importarnos, solo que ya no tiene que ver el cómo me sienta yo de satisfecho con lo que hice.
     El pensante que espera la opinión de los demás para que le gusten sus ideas o para experimentar satisfacción por lo que ha hecho, se coloca en una posición de efecto o de receptor que dependerá de la comunicación que reciba para sentirse bien o mal consigo mismo.
    “Me gusta el gusto con que me gusta mi gusto”. Esta expresión es de mi uso personal, la comparto, pero ya la he publicado por alguna parte. Es ahora que explico la razón de considerarla.
      Para amarte o quererte a ti mismo debes amar los pensamientos que te hacen ser en primer lugar, no hay otra manera de estar a gusto contigo mismo, y luego todas aquellas ideas que se decidan comunicar o expresar de alguna manera deben ser del agrado del pensante. Hasta que no se esté satisfecho no se debieran comunicar a otros.  El tener que consultar a otro que tan buena es una idea para poder darla a conocer, dice bien claro cuánto se está amando el pensante así mismo, o que tanto cree sus ideas, o lo que es lo mismo; ¿Qué tanto se quiere?
      Las ideas pueden desarrollarse o complementarse en el proceso de materializarlas en compañía de otros, pero la idea básica no nace en grupos. Cuando alguien dice “se me ocurre una idea” y la discute con alguien más, y entre ambos materializan la obra, se puede compartir la autoría, pero la idea nació de un solo pensante.
     Entramos en al campo de la creatividad desde el punto de vista de lo que consideran los demás de las obras que hacemos. Este es un mundo lleno de la mayor diversidad de puntos de vista que existe y de toda clase de intenciones e intereses que muchas veces no tiene nada que ver con la belleza o la calidad estética de la obra.
     No es extraño que muchos talentosos en vida que esperaron el reconocimiento para satisfacerse y ser feliz con sus obras y consigo mismo, murieron en la espera y la indigencia personal, pero la sociedad se llena de orgullo haciéndole reconocimientos y dándole un mérito que ahora no les sirve de nada.
     Ama tus ideas y ellas te amaran a ti, y cuando el amor está presente, la armonía y la belleza se manifiesta como una onda expansiva en el mundo propio, alcanzando con su luz otros mundos.
      Es un placer, buen provecho y amor por las ideas. Nos vemos pensantes