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lunes, 4 de enero de 2016

ACTIVIDAD PENSATIVA


         ABRIENDO CICLO CON EL PENSANTE
    Hola amiga(o). Feliz año. Empezamos a sacudirnos el olor de diciembre, el faro de nuestra atención vuelve para retomar la faena e incorporar los nuevos sueños a la línea de objetivos para este nuevo ciclo anual.
      Actividad pensativa es una página dedicada al pensante, el acto de pensar y al producto que de él se deriva; los pensamientos.
     Todo el que piensa es un pensante o un pensador, las diferencias que se puedan encontrar entre uno y otro es producto de los contenidos de sus pensamientos. Se acostumbra a calificar a un pensante por los pensamientos que produce para compartir con otros y la sociedad tiene criterios establecidos acerca de la calidad o belleza de estos pensamientos.
     Sin embargo todo pensante es 100% eficiente, 100% efecto de los pensamientos que produce para su propio consumo. En otras palabras; es como piensa que es y se siente como piensa que se siente. Nadie puede negarle el poder de afectarse a sí mismo, pero él si tiene el poder para negarlo.
     La prueba más común de que el pensante se niega su propio poder, es la campaña abierta para hacer saber a los pensantes que no deben vivir dependiendo de lo que piensen los demás acerca de él o de lo que opinen de las ideas que comparte con otros. Es un llamado de atención y un alerta en vista del daño que se produce a sí mismo cuando depende de lo que digan u opinen los demás para considerarse o valorarse.
       Hay dos maneras de iniciar el acto de pensar; una motivado por los hechos, los acontecimientos  o circunstancias del momento vivido. Activarse a pensar de esta manera es de lo más cotidiano, al punto, que el acto de pensar en sí pasa desapercibido y en menos grado hasta los pensamientos producidos se ven, y la persona solo atiende o hace consciencia de la acción producto de los dictados de lo que pensó. E inclusive a veces ni la acción que ejecuta lo hace de manera consciente.
       La otra forma de iniciar el acto de pensar es por voluntad propia; por propia iniciativa; por gusto, porque nos da la gana de pensar acerca de algo. No existe un pensante talentoso, llámese artista, poeta, científico, compositor, emprendedor etc. Que no dedique la mayor parte de su tiempo a pensar por iniciativa propia. A proponer las cosas que desea pensar, o ponerse a pensar para parir pensamientos nuevos que ni él mismo sabe que va crear.
       Actividad pensativa le va a dedicar muchos pensamientos al pensante y al acto que ejecuta. De los pensamientos que produce, ustedes se ocupan de los contenidos y yo les hablare del rol que desempeñan como patrones en la personalidad. Es decir; para mí no hay pensamientos buenos o malos, positivos o negativos, para mi hay pensantes con control del acto de pensar y de los pensamientos que produce y pensantes que pierden el control del acto de pensar y por ende de los pensamientos que producen.
       El responsable de todo lo que se hace a sí mismo con sus ideas; bueno  o malo, es el propio pensante.
      La cordura se puede medir por el control de una persona de su acto de pensar. Una rabieta donde el pensante le pegue la cabeza a la pared y luego al otro día está calmado, es una pérdida del control del acto de pensar temporal. Que bien en lugar de un chichón en la frente pudo haber matado a otro o quitarse la vida.
      No hay algo más absurdo que intentar culpabilidad en uno mismo después de haber sido efecto de un descontrol, culparse a sí mismo son los últimos respiro de un apático que busca evadir su responsabilidad. Si en verdad el pensante desea no volver a meter la pata hasta la rodilla, lo que necesita es acción.
     La única acción de un pensante es pensar, ejecutar el acto de pensar. En lugar de repetir y lamentarse que perdió el control, sin definir ¿control de qué? , debe terminar de aclarar que perdió el control del acto de pensar y es en la ejecución de este acto donde está el problema. Y si reconoce el problema conoce la solución. “Recuperar el control del acto de pensar”
      Llamarse pensante con la definición clara de lo que hace para llamarse así, ayuda a desaparecer el velo de misterio que produce llamarse espíritu, alma, yo, etc. Y de paso, aparte de la utilidad y de lo simple que es entender el concepto, ayuda a mantener consciente el rol que desempeña: “PENSAR”. Con esto no quiero decir que no se puedan seguir considerando llamarse como lo deseen, la idea de ser un pensante no interfiere en sus creencias.
      La gran incertidumbre con atribuirle “todo” el pensar al cerebro, es que ni los científicos están claros de como lo hace, y deja mal sabor a la persona andar diciendo que su cerebro le ordenó enamorarse, que por culpa de su cerebro está deprimido, etc.
       Decir: “Yo…” sintiendo que ese “yo” lo inventó el cerebro y que depende del cerebro para que ese “yo” sea mejor de lo que es, proponga cambios, o corrija sus defectos, hace sentir a la persona que no tiene apoyo; que carece de una base real y sustentable para poseer una personalidad coherente y siente que no está en sus manos el poder ser como quiere o desea ser.
      Tú o yo podemos demostrar hasta a un niño que puede “pensar”, que existe el “acto de pensar”, y se les puede demostrar que hay momentos que se pierde el control de ese acto de pensar, y que los pensamientos de esta manera producidos por lo general causan dificultades o no son muy beneficiosos.  
      Actividad pensativa les da la bienvenida recordando que el poder para “ser”, está en nuestras manos como pensante. Facilita mucho más la tarea de ser mejor, considerarse ser “UN PENSANTE”
       Ha sido un placer, buen provecho con tus reflexiones.     Nos vemos pensante.