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lunes, 28 de marzo de 2016

DECRETOS BUENOS Y DECRETOS MALOS

           LOS ESTADOS DE SER EXTREMOS SE TOCAN

      Halo amiga(o) pensante. Te has preguntado, ¿cuál es la razón que los decretos, deseos o ideas que se producen en momentos donde se está en un estado emocional fuerte, violento, doloroso, se cumplen o materializan la mayor cantidad de las veces?
      Por ejemplo; el pensante está en medio de una fuerte crisis, confusión, miedo, apatía, ira. etc. Lo que considera, lo que está pensando, o eso que se le vino a la mente, le va a suceder o se va a sentir de esa manera, y no pasa mucho tiempo cuando ya se le está cumpliendo su DECRETO.
      En cambio, cuando está relativamente tranquilo, piensa algo, considera o desea sentirse de alguna manera, o que algo le suceda, y es tantas las veces que se queda con las ganas, esperando sin que ocurra nada, que ya no le da importancia a sus decretos y se inclina a creer que todo es cuestión de suerte, o no estaba escrito en su destino.
      Examinando los decretos en un espectro de “consciencia” del pensante, observamos que; por ejemplo en una escala del 0 al 10. En dirección al cero baja la consciencia, en dirección al diez, sube la consciencia.
     En los niveles bajos, el descontrol del acto de pensar aumenta y de manera extraña los decretos se les cumplen casi que al pie de la letra. Menos consciencia y sin embargo tiene poder con sus decretos.
     En los niveles altos camino a la serenidad, a mayor consciencia, más control de la actividad pensativa, mayor poder y sus decretos también se le cumplen.
     Entonces, observamos que hay dos maneras radicales de “Decretar” y las dos funcionan casi infalibles. Una posición o estado de ser es positiva, con control y consciencia y la otra es negativa con descontrol e inconsciencia
     La persona que está muy mal, por ejemplo bajo una fuerte depresión, le ocurre que todas esas consideraciones acerca de sí mismo, son casi todas, un hecho. Al punto que les da miedo pensar, para que no se le cumplan los decretos o lo que considera, pero no tiene control del acto de pensar y el terror de pensar algo peor, como quitarse la vida, lo angustia sobre manera.
     Un pensante en serenidad, estado que no se adquiere en la farmacia, ni se logra de la noche a la mañana, decreta a consciencia, siendo objetivo y claro con lo que desea, y se le cumple. (Estados emocionales positivos tal cual como considera)
     Dentro de estos dos extremos radicales está el rango que se podría catalogar de “normal”.  La gran mayoría de las personas habitan en un estado “NORMAL”, fluctuando, bajando y subiendo en la escala, de acuerdo como soplen los vientos de la vida.
     Dentro de esta “Normalidad” hay aciertos y desatinos, alto y bajos, dudas, incertidumbre; dando la impresión que los decretos suceden de manera casual. Esto les ocurre sobre todo a los pensantes que no tienen interés en enterarse o comprender acerca de su “rol como pensante.”
     Aquí viene la pregunta; ¿cuál es la razón para que la tendencia hacia el extremo negativo se le cumplan los decretos, si se supone que el pensante está más descontrolado, menos consciencia y se supone que está perdiendo poder?
      Respuesta: En primer lugar el pensante nunca pierde su poder natural de ser efecto de sus pensamientos o decretos. Lo que ha perdido es consciencia de sí mismo y no ejerce control de la actividad pensativa. Por lo tanto responde con ideas o consideraciones a la reactividad de la mente, a las motivaciones externas y a como se está sintiendo.    
       Sucede que en ambos extremos, la credibilidad de lo que se está “considerando” es “casi” igual. La diferencia, que un pensante en SERENIDAD tiene certeza de ser causa a sabiendas, y un pensante en un estado emocional crítico tiene la certeza por convicción.
     Convicción que ha ganado en todo este tiempo que ha estado descendiendo, por experiencia sabe, que lo que hasta lo que está presintiendo, se le cumplirá como le ha estado sucediendo; es casi que adivino. (“Sabía que le iba a pasar y le pasó”).
      Pero sobre todo, quien le puede negar o convencerlo de lo contrario de CÓMO SE ESTÁ SINTIENDO”. Su certeza es producto de la realidad que está experimentando, y lo que siente o en el estado que se encuentra, no es nada bueno.
     Observa para que veas. Los pensantes que están hacia el extremo negativo, leen por horas y días seguidos su rosario de lo que está pensando. Sus ideas o decretos lo repiten tantas veces, que la “mente” si no estaba programada con esa nueva idea, se ve obligada a convertirla en un patrón para que quede instalada “para siempre”.
     Un pensante en apatía extrema, se cae el mundo a su alrededor, o su cuerpo se está cayendo a pedazos y te observa con una cara de serenidad, de no importarle nada, que no lo puedes creer. Observas al maestro espiritual y su comportamiento sereno te contagia de armonía. Los dos hablan con conocimiento de causa, con certeza.
     Los estados de ser extremos se tocan pero no son iguales, y los términos medios o normales, no todos califican para llamarse “estados de ser moderados”. Con los decretos la moderación es más producto de la adaptación inconsciente del pensante, es una actitud asumida de manera involuntaria.
      Los estados que se reconocen por sus particularidades y detalles como “normales” son acuerdo de los estados más comunes que se observan. Así se comporta la mayoría; “eso es ser normal”. Los demás casos extremos son casos especiales o excepcionales, unos pasándola muy mal y otros disfrutando la vida.
      Oyes cosas como: “Es normal ser así”; “la mayoría se comporta así”, “no soy el único” etc. A tal punto es esta adaptación sin ninguna reflexión, que el pensante siente un gran alivio cuando comprueba que hay mucha gente que hace lo mismo, y ya a partir de ahí, no tiene incomodidad con seguir comportándose o siendo de esa manera.
     Para ser moderado en algo, se necesita estar en control consciente de eso por completo, desde sus dos extremos; para tener el poder consciente de determinar la intensidad, la duración, la frecuencia, etc. de la acción o el comportamiento.
      Es decir hasta que no aprendas a conducir “bien” tu vehículo, no puedes darte el lujo de ser moderado. Alguien dice; míralo no pasa de 40 kilómetros por hora, y resulta que es porque al tipo le da terror llegar a 100 km\h.
     Otro ejemplo: Es moderado con la bebida, una copa y nada más; claro después de la tercera copa monta el show en la fiesta, hace el ridículo.
      El grueso de la población son como boyas flotando sueltas en el mar, las condiciones del clima y las corrientes marinas con sus altas y bajas los llevarán irremediablemente algún destino, pero hay una filosofía salvadora; “vive la vida como venga pasando”, “acepta los efectos del destino”. “resígnate”
     Algunos más enfáticos incluyen a Dios para llevar bien su resignación por lo que le depara y deparará el destino. No creen que ellos trazan su destino y sin embargo se quieren asegurar el futuro prometiendo a otros y a ellos que existe una solución salvadora para “cambiar el destino”, que por otro lado afirma o cree que ya Dios se lo escribió.
      Si los efectos en él, producto del destino está escrito, para que tiene que preocuparse en encontrar una solución que cambie el sentir futuro, la solución futura le va a cambiar lo que ya tenía destinado sentir, entonces; ¿está o no escrito el destino?
      Respondan ustedes la pregunta, lo que sí puedo dar testimonio, es que es muy distinto vivir la vida “causando” mis condiciones anímicas, que depender de lo que suceda a mi alrededor o lo que me depare el destino para ver cómo me voy a sentir.
       Que tengas buen provecho con tus decretos. Nos vemos pensante.