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viernes, 11 de marzo de 2016

DECRETOS O DESEOS QUE NO SE CUMPLEN

 ¿DECEPCIONADO DE TI MISMO?
     Hola amiga(o) pensante. Que desilusión para un pensante cuando decreta, decide u ordena el ejecutase en su persona de pensamientos que ha considerado deben ser los que le hagan realidad la actitud, el estado de ánimo o la salud que desea y no se le cumplen.
    La desilusión acumulada por repetidos fracasos induce a considerarse impotente, incapaz de hacer que sus pensamientos se hagan realidad.
    Pero como el pensante no puede quedarse sin hallar una solución para que se le cumplan sus decretos, busca ayuda “profesional”. Estos profesionales se dedican a “pensar” para las otras personas o a lograr por ellos que sus deseos o decretos se le hagan realidad.
    El brujo los pone hediondos a humo de tabaco, los negocios donde venden cualquier clase de amuletos, montes, figuras, esencias y cualquier clase de superchería que recetan los “profesionales” se hacen millonarios, y los pensantes siguen impotentes y desilusionados de sí mismo.
    En esto no veo conocimiento útil transmitido, para que los pensantes dependientes se liberen de sí mismo y recobren la autoestima. En las élites de la sociedad, los canales de televisión que no tengan dos o tres horas de programas con un experto numerologo astrólogo tarotista ritualista mentalista espiritualista, que llene la mente de boberas para seguir desorientando los pensantes, no tienen mucha audiencia.
   La ayuda y la auto-ayuda implican la decisión del pensante de ayudarse, pero ¿ayudarse cómo? ¿La ayuda recibida, lo deja igual de dependiente o peor?
    El pensante que pase por cualquier programa de ayuda y su auto determinismo, o poder de decisión siga sin funcionar, sigue siendo un tipo de público para el mercado.
    Hay mucha información, pero a la vez mucha desinformación, hay urgentes necesidades y situaciones personales que requieren atención de emergencia, y el que vive esos duros momentos, la ayuda es todo aquello que le parezca factible de solucionar su problema.
    Nunca falta quien quiera ayudar a un conocido, o a un familiar orientándolo a lo que debe de hacer para salir de la crisis, a curarse, o a lograr que el marido o la mujer no se enamore y se vaya con otro(a). Muy pocos, pero muy pocos, muestran esa voluntad de ayudar cuando se trata de dinero.
    Antes de la ayuda que pueda ofrecérsele a otro, está la auto-ayuda de esa persona. El problema del tipo que sea que está padeciendo se fundamente en que no puede ayudarse ella misma.
    Y si ella misma no se puede ayudar, hay que primero orientarla para que recupere poder para ayudarse. Y no existe ningún poder de auto-ayuda sin el control del “ACTO DE PENSAR”. El medio de producir pensamientos “creíbles”.
    El poder para pensar libre, es el que le va a permitir que sus decretos funcionen, se le materialicen y sea capaz de subir su auto estima con actitudes acordes a la manera de ser que está deseando.
     La ayuda es solo un proceso de facilitar. Una persona que ayuda solo “facilita”, bien sea información u otros medios para que la persona sea quien se ocupe de recuperar sus valores, su estima, su poder y determinismo.
     La ayuda es facilitar para que los pensantes se hagan libres de sí mismo, y como consecuencia u efecto de esa liberación, se vuelvan menos dependientes, confíen en su capacidad creativa o de producir pensamientos o ideas valiosas que le den satisfacción.
    Antes de dar un consejo, primero se debe averiguar cómo se siente la persona consigo misma. De nada sirve pedirle que haga algo que no puede hacer “bien”.
     Hacer bien lo que se le manda hacer, es la garantía para que no resulte en un pensante, más decepcionado de sí mismo de lo que estaba antes de los consejos.
     El fracaso en materializar pensamientos, aunque el pensante no esté consciente de considerarlo, lo invalida como pensante. Su estima se hunde más y la credibilidad y confianza en lo que piense en cada nivel más bajo, le produce una reacción en cadena que le acelera la caída a los niveles más bajo de sentimientos en sí mismo.
    Es decir, un pensante después de una decepción de la que no se ha recuperado, el siguiente decreto que haga por lo general lo va a conducir a otro fracaso.
     La secuencia correcta, en un procedimiento o en una investigación es parte de la lógica más elemental al hacer cualquier tipo de análisis. Da más trabajo, se desperdicia más tiempo y se obtiene menos resultados al saltarse un paso o gradiente.
     El mundo necesita que los pensantes adopten en el modo de vivir, la consciencia de la importancia que tiene para él, para los demás y para el mundo la actividad pensativa.
     Mediante el “acto de pensar” es que se va a liberar y alcanzar elevados niveles de calidad de vida y de salud física. Un acto que se hace de manera rutinaria y no se le da la importancia que debe tener.
     Un pensante que no puede mediante un simple decreto cambiar o volver positivo su estado de ánimo, no está en buenas condiciones para decretar curas o soluciones para su cuerpo físico.
    Levantarme en las mañanas repitiéndome que tengo que estar feliz ese día, es indicio que mi confianza anda en sillas de ruedas. Los pensantes hombres o mujeres no se levantan repitiéndose “soy un hombre” “soy una mujer”; simplemente es.
     Esto lo he dicho, pero lo repito, “hasta que un pensante no crea más “en el mismo”, que en mí, sé que todavía no lo he ayudado”. Y debo tener cuidado de no hacerlo pensar que sus ganancias no hubieran sido posible sin mí. El facilitador no es causa de lo que ocurre en el mundo de pensante.
     El pensante que pone la “causa” fuera de él, o confunde motivos con “causa”, se deprende de la responsabilidad de sí mismo y su mundo se le viene abajo. Y si ya su mundo está a punto o está derrumbado, no se le puede pedir que sea causa decretando a diestra y siniestra. Las consecuencias, abandonará el camino correcto para ir a un brujo que le quite la mala suerte.

     Ha sido un placer mi amiga(o). Que tengas buen provecho con tus decretos.  Nos vemos pensante.