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lunes, 14 de marzo de 2016

LA DESIGUALDAD ENTRE PENSANTES


             PENSANTES QUE “NO SABEN PENSAR”                
    Hola amiga(o) pensante. Las estadísticas, los hechos y la realidad objetiva no dejan dudas que la desigualdad entre los pensantes va de mal en peor. El que menos de un tres por ciento de los habitantes del planeta tengan el poder para gozar de todos los privilegios, controlar al mundo y la vida de los demás, es una desigualdad absurda, inaudita, inadmisible.
    Sin embargo así es, y la gran mayoría de los pensantes, pareciera que no pudieran pensar. Se acostumbra a decir “no saben pensar” y esa es la razón por la que tienen que ser gobernados, manipulados y pensar por ellos, como se hace con los niños.
    Hay un error de enfoque cuando se considera que para recuperar la justicia social y elevar a la gran mayoría a un nivel de vida justa y aceptable, con solo hablar un poco de política, graduar a más personas o cambiar gobiernos, se va a lograr la reivindicación de los derechos de todo ciudadano.
    Los que ya están en el poder, están a pertrechados y cuidando con toda la artillería lista su zona de confort, ellos no son idiotas, “saben pensar”. No solamente usan las fronteras entre los países, con muros y guardias armados con la orden de disparar; los grandes monopolios económicos y militares no tienen fronteras, ven el mundo como si fuera de ellos y en todo se meten.
    Ante esta desigualdad global que agobia, y de paso ver como unos pocos corruptos de un país destruyen todo el esfuerzo de un pueblo que lucha por elevar su calidad de vida, es tan detestable que la pena de muerte les queda pequeña por el crimen que están cometiendo.
    Y para complicar más las cosas las crisis profundizan la desunión familiar y dispersa las energías del grupo propiciando la pérdida de valores de las nuevas generaciones que de ellas dependen.
    Hay que volver al punto de partida. El punto de partida, es cada pensante consigo mismo. La reivindicación que primero se tiene que hacer es con uno mismo. Si no se recupera el poder en nuestro mundo, no podemos aspirar influir en una sociedad donde la criminalidad tiene sometida a las tres cuartas partes de la población.
    Quizás otros vean que la solución es tomar las armas que haya que tomar, o destruir el planeta para que “si no es para mí, tampoco es para ellos”. Enfrentar con guerras, hasta la muerte al enemigo o a quien se considera el enemigo es un error que se ha cometido mil veces en la historia de la humanidad. Está es fecha que la reconciliación es imposible, hay mucho odio, rencor y deseos de venganza ancestrales que no desaparecen.
    La razón de ese graso error, es que el enemigo a vencer es a uno mismo. Cada pensante venciendo sus propias limitaciones, creciendo, haciéndose más poderoso en su mundo, es la estrategia ideal, sin dolor, sin muertos ni heridos.
    Los culpables o responsables que están allá afuera, convirtiendo el planeta en un infierno para satisfacer sus caprichos y deseos, permanecerán hasta que no revolucionemos en el mundo interior y deshagamos los pilares que sustentan la mediocre personalidad que hemos adoptados de manera descuidada.
    La estima, la salud, el ánimo, la confianza, la certeza en lo que se piensa o considera, no se llega a controlar de manera espontánea o mientras se duerme. El sueño de muchos padres que confían que sus hijos van a cambiar positivamente cuando crezcan o se hagan adultos, es más las veces que ven frustradas sus esperanzas.
    Hay un error de las generaciones como la mía, de considerar, que en los de nuestra época no se ve la pérdida de valores como en las nuevas generaciones, y todo gracias al fuete, la correa y los jalones de oreja. El castigo físico parece que fue el que logró que fueran menos los inadaptados.
    Pero no le veo así, para mí, nuestros padres, familiares y adultos en general estaban dando un ejemplo con los hechos, con sus maneras de ser, sus maneras de enfrentar los problemas de la vida, y la gran mayoría tenia esos valores que ahora decimos tener, y que ahora no tienen los jóvenes. ¿No será que no estamos siendo mejores ejemplo?
     Debemos ser un ejemplo en primer lugar para nosotros mismo, demostrándonos con hechos como mantenemos la autoestima por las nubes, la confianza y credibilidad firme, sin titubeos en quien somos, y que hacer o propósito nos ha traído a esta vida para ocuparnos en lograr esos objetivos.
     Manipulando el acto de pensar de los demás es que se logra que los pensantes construyan sus propias prisiones, y los matan y no se convencen que ellos mismos construyeron sus celdas y que tienen las llaves colgadas en el cuello.
    Dentro de los grupos religiosos hay pensantes que se consideran a salvo, cometen las mismas fechorías como cualquier no creyente, y la gente se sorprende y considera que es el fin del mundo.
    No ha ocurrido nada nuevo o espectacular, es un pensante como cualquiera atrapado en sus propios pensamientos. Estuvo viviendo en la casa con su Dios por mucho tiempo, pero parece que “los dioses no pueden obligar a un pensante a que se libere del mal que él mismo ha creado”.
   Al parecer, aquel que quiere libertad, o quiere ponerse a salvo, tiene que dejar la desidia que tiene como pensante, para “aprender a pensar”, solo tiene que reasumir el control del acto de pensar y podrá abrir todas las puertas que le cierran el paso.
    Ha sido un gran placer compartir, que tengas buen provecho con tu aprendizaje.  Nos vemos pensante.