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lunes, 25 de abril de 2016

¿QUE SIGNIFICA LA COMUNICACIÓN “CONMIGO MISMO”?


       TRES COSAS QUE DEBES DE SABER. (VITAL PARA LA SALUD)
     Hola amiga(o) pensante. ¿Qué ocurre en verdad cuando te comunicas contigo mismo? Si no lo has observado, aquí te explico las tres comunicaciones que se empaquetan como una sola y se les llama “comunicación conmigo mismo”.
a)     La primera y más fácil de observar es la comunicación que mantienes con tu cuerpo.  Esto lo puedes constatar ya, sin inconveniente; pon la atención en el dedo pulgar y trata de sentirlo y ocurrirá, tendrás como resultado una percepción, un mensaje de lo que recibiste como información del dedo.
b)     La otra comunicación es con la mente mediante el acto de “recordar” o cuando ella se comunica contigo mostrándote los resultados de sus cómputos, y muchas veces se comunica contigo sin que puedas impedirlo. Haz la prueba de comunicación con la mente; recuerda algo. ¿Recordaste? Listo, ya tienes dos diferentes comunicaciones que se hacen llamar “conmigo mismo”.
c)     Llegamos a donde te quería traer para que observaras. La verdadera comunicación “conmigo mismo”, es la que ocurre cuando el pensante piensa.
   Has la prueba, ponte a pensar en teléfonos bailarines, o inventa algo y piénsalo. (Esto de pensar algo ilógico es para que no busques en la mente recuerdos para pensar). Haz todas las pruebas que sean necesarias para observarte pensando y no recordando para pensar.   
     Te preguntarás; ¿y qué importancia tiene hacer esta diferencia en la comunicación conmigo mismo, y que gano con observarme cuando pienso? Ya te voy a explicar cómo tiene que ver con la salud, la cordura, el poder creativo y la manifestación plena de todo tu innato talento como espíritu pensante.
     Cuando eres tú el que piensas, estás en comunicación contigo mismo, ya no es con los bancos de memoria, no es con el cuerpo. Como pensante tienes el doble papel de emisor y receptor de lo que piensas. Es una forma de rebote, o efecto por reflejo de lo que estás pensando.
     No recibes o percibes nada que no estés pensando. Piensas y sientes, experimentas o interpretas lo que estás pensando. El percibir lo que piensas, es ser efecto o receptor de lo pensado.
     Mientras ocurre la comunicación contigo mismo, se está grabando en la mente todo lo pensado; luego puedes recordar lo que imaginaste o pensaste las veces que desees.
     La costumbre es que se le pide a una persona que piense algo y lo primero que hace es buscar recuerdos de algo en la mente, luego lo trae y dice; “ya pensé”. Pero no solo cuando lo pide otro, esta es la manera usual de pensar; “metido de cabeza en los archivos de memoria”. Y el pensante no se extraña de siempre tener la misma solución o de casi nunca llegar a una nueva idea.
     Es decir, sin darse cuenta, gran parte del llamado pensar, es un acto de recordar, o comunicación con la mente. El pensante se ha hecho tan dependiente de la mente, que sin ella no puede saber ni crear nada, está seguro que la mente es la que piensa y genera nuevas ideas. A la actividad de la mente de recoger y procesar datos se le llama pensar.
    Y luego el pensante se pregunta; ¿por qué no soy creativo? ¿Por qué no se materializan mis decretos?
    Cuando se habla del poder del pensamiento, se tiene que estar consciente de quien o que es el que “piensa”. Aquel que no se reconoce, no puede darse la importancia, el valor o considerar que tiene el poder sobre sí mismo.
   A estos pensantes se les oye decir que tienen una mente poderosa; se les oye decir que se le ocurrió una idea genial, pero no sabe de dónde salió; se les ve asustados protegiéndose de los males que pueden echarle otros con el pensamiento. Etc.
    La comunicación con la mente o usar la mente con eficiencia, exige que el pensante se identifique consigo mismo en el rol que desempeña. Solo así puede poner orden en ella, puede hacer cambios de patrones de comportamiento, puede quitar y poner el automático a los comportamientos; y si le interesa por alguna razón, puede “viajar” (evocar) por la línea temporal y ver el registro de la trayectoria de su vida.
    Todo el contenido de la mente o todo lo que registra contiene la opinión o consideración del pensante. Los hechos, lo que existe para ti, tienen la importancia que tú le des. En el caso del pasado tienen la importancia que le diste en su momento, si es que no has reconsiderado el asunto.
   Tú puedes acortar el sufrimiento por un desengaño, o alargarlo toda la vida. De ese contenido de la mente depende la salud psíquica y casi la totalidad de la salud física.
     De esos pensamientos funcionando a través de la mente, es desde donde se configura la personalidad. (Manera de ser o de proceder).
    Y es con el pensamiento que vas hacer los cambios que consideres en este momento y los que se te ocurran mañana.
    Observa esto: si puedes enfermar el cuerpo con los pensamientos, como ya está demostrado, también tienes el poder de curarlo con pensamientos.
     Pero no con toda esa maquinación que ocurre en la cabeza y que a la ligera se le llama pensar. Hemos sido testigo de que hay muchos pensantes con talentos que lo están desperdiciando por causas que nos parecen una gran tontería. El despecho lo volvió alcohólico, o carece de voluntad o entusiasmo, quizás decidió ganarse la vida en otra actividad, etc.
    Razones hay muchas, pero lo que quiero hacer notar, es que todos tenemos el poder para sanar o reparar las cosas que con el pensamiento hemos echado a perder. Talento que la gran mayoría está desperdiciando, en parte de manera inadvertida.
     No te quedes sin comprobar lo que ocurre “dentro de tu cabeza”. Necesitas hacerte de tu poder de manera consciente, cada quien tiene el talento innato de la sanación de sus propios males.
    Y no solo puedes hacer todos los cambios en ti que consideres te benefician, tu talento, ese estado de ser que se alinea con tu meta, sale a flote para disponer del poder creativo. Puedes parir novedosas ideas, ya que sabes con claridad quien es el que las engendra.

     Ha sido un grato placer. Que tengas buen provecho contigo mismo.   Nos vemos pensante.