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lunes, 9 de mayo de 2016

LOS DECRETOS Y EL CONTROL DEL ACTO DE PENSAR

LO QUE DEBES DE SABER PARA RECUPERAR LA VOLUNTAD Y LA DETERMINACIÓN.
   Hola amiga(o) pensante. Empezamos la semana con algo más acerca de los decretos.
   Un decreto es una decisión, y una decisión es una determinación definitiva adoptada en un asunto que nos interesa. Es la firmeza, seguridad con que se hace una cosa.
   Tu vida es el resultado de todas las decisiones que has tomado, unas para responder a las circunstancias y otras por iniciativo propia.
    En este momento ejecutas la decisión de leer este post y tienes en mente otras para ejecutar una vez concluida esta.
   Las decisiones son el resultado de un proceso pensativo, reflexivo o de análisis donde llegas a una conclusión que luego debes aprobar como conveniente a tus intereses.
    O que consideres como la única solución que puedes ejecutar en ese momento.
    Existen respuestas reactivas, determinadas por los patrones mentales en los que se perdió el control, pero esto debemos examinarlo aparte, ya que son decretos hechos en el pasado, y funcionan en automático.
   Por lo general para desactivar estos decretos, necesitas ayuda personal. Fueron hecho estando en descontrol del acto de pensar y cada vez que se active este tema, se activa el descontrol.
   No se toman decisiones o se hacen decretos imposibles de ejecutar, de alguna manera el pensante lo cree posible.
   Con la decisión no se garantizan los resultados, ella solo es la autorización que se da el pensante para actuar de manera cómo concluyó que podía o le convenía hacerlo.
    De hecho, puede cambiar de decisión en cualquier momento una vez iniciado el ciclo. La decisión será de no continuar en la acción para lograr el objetivo que había pensado. Con este decreto cierra el ciclo.
    Así debiera de ser, pero muchas decisiones son abandonadas, o descuidadas, mientras el pensante sigue deseando el objetivo considerado.
    La vida se lleva a cabo es una secuencia de ciclos, no todos los objetivos de un ciclo se completan en una acción. Pero todos en algún momento deben concluir.
    El pensante debe cerrarlos, los ciclos no se cierran solos, los hechos terminan, o cesan las acciones, pero en su interior el pensante para mantener el control de la actividad pensativa, tiene que cerrar con una decisión. Una decisión es un pensamiento, es un decreto.
    Observa, decides iniciar un ciclo, mantienes la decisión de continuar durante el tiempo de la acción y decides concluir. Esto es control.
    Tres decretos necesarios para mantener el control de nuestros actos.
     Lo haces todo el tiempo, ya es hora de que observes lo que haces para transitar por este mundo.
     Fuera de nuestro mundo interno, la adaptación a los horarios y en decretar en función de los acontecimientos, causa perder de vista el determinismo propio y aumenta la predisposición al descontrol del acto de pensar.
    Y como ya bien lo sabes, se pierde el control de lo que se piensa y de sus efectos como: “descontrol de las emociones y comportamientos”.
    Los acontecimientos causan un gran porcentaje de los cambios de decisiones y muchos de esos cambios en contra de la voluntad del pensante, o no le causan ningún placer.
    Se fue la luz o el internet, y con disgusto tiene que buscar otra cosa que sea posible hacer. Unas cuantas maldiciones no le devuelven el control de sus decretos.
    La costumbre, o el hábito con mucha sutileza desmontan la voluntad y determinación del pensante y este ni se entera que está perdiendo el poder. Está perdiendo el control y volviéndose un esclavo de este manipulador sistema.
    Es tanto así, que el pensante se ha habituado a no cerrar ciclos de acción, espera que aparezca la palabra “FIN”. Ha dejado que el horario, los acontecimientos no solo le marquen la pauta de su accionar, también espera que le apague la mente y decrete por él, el cierre de ciclo.
     Poco a poco se va perdiendo el control del acto de pensar y por ende perdiendo la iniciativa, la determinación y el poder para hacer cumplir sus decretos.
    No importa si fue el jefe que dio la orden, se fue la luz, o le abandonó la pareja, el pensante debe decidir la conclusión de ese ciclo. La decisión de iniciarlo fue determinada, el cierre, aunque lo motiva una causa externa debe ser asumido como una decisión propia.
     Para el control de la actividad pensativa o la actividad de reflexionar, analizar y de producir pensamientos, es necesario el control de los ciclos de acción.
    Comienza a tomar el control de tus ciclos de acciones por más insignificantes que parezcan y estarás fortaleciendo tu voluntad y determinación.
   El control no es solo la decisión de comenzar un ciclo, o mantenerse en la acción y descuidar el cierre o cese de la acción. No conduces bien tu vehículo para dejarlo que él se detenga solo o cuando choque con algo.
    Los ciclos son productos del pensar y como tal deben ser cerrados de la misma manera. No hacerlo es una acción interna, sin acción externa. Estacionaste el carro en el garaje y lo dejaste encendido consumiendo combustible y poniéndote en peligro.
    Un ciclo de acción para alcanzar una meta puede necesitar muchos ciclos de acción, pero todos sin excepción deben ser asumidos con igual control, tomando las decisiones.
     El estado autómata de un pensante se logra al ser condicionado y adaptarse para encajar como una pieza más en el engranaje del sistema en el que se desenvuelve, y todo para sobrevivir.
    Con la perdida de la iniciativa y la determinación para conducir su vida por donde le plazca, sus pensamientos derivan del acontecer diario y con eso se “entretienen”. 
   El entretenimiento es el premio mayor que reciben los pensantes autómatas del sistema. El placer y la alegría vienen en capsulas, cortos ciclos de acción que le dosificaran para que mantenga la energía anímica que perdió al perder sus sueños.
    Si un pensante no lo entretiene el trabajo o la acción que ejecuta, va a necesitar muchas vacaciones y muchas actividades que en un par de horas le satisfagan y le compensen para poder volver al sacrificio en lo que hace para sobrevivir.
    Ha sido un placer hablar contigo. Que tengas buen provecho con tu control.  Nos vemos pensante.