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miércoles, 29 de junio de 2016

LA LIBERTAD PARA PENSAR NO SE DISCUTE

 DESCUBRE DE QUIEN TIENES QUE DEFENDER TU LIBERTAD

   Hola amiga(o) pensante. Cuidado, puedes generar un mal entendido en los niños y no muy niños al hablar de libertad de pensar o de pensamiento.
   No existe nada ni nadie que le impida a un pensante pensar, y pensar lo que le dé la gana.
   En el mundo propio las condiciones las pone el propio pensante. Si alguna lucha tiene por su libertad para pensar o para pensar ciertos y determinados pensamientos, es consigo mismo.
   Otra cosa es libertad de expresión, esto si está reglamentado y no podrás decir o hacer lo que te dé la gana, donde te dé la gana y a quien te dé la gana.
   De niño, hasta adolescentes y más edad, los llamados de atención de los adultos, se interpretan como si quisieran que uno no pensara “porque lo hace mal”, o “no se sabe pensar”, o “quieren pensar por uno”.
    La impresión es igual que sentir que están decidiendo por uno, acerca de lo que le debe gustar o no.
   “NO SABER PENSAR”, ¿has tenido alguna vez la impresión que eso era lo que te querían decir cuando te corrigieron o llamaron la atención?
    Quizás por suerte no, pero un elevado porcentaje de niños o jóvenes, esa es la impresión que reciben, y la reacción no es muy amigable contra quien juzga su acto de pensar y les parece que lo que quieren es pensar por ellos.
    Observa; se evalúa y se corrige lo pensado hecho acción. Es decir, cuando se expresa o se ejecuta la acción decidida, pero el pensante es tan sensible con su “acto de pensar” que por lo general ya está en actitud defensiva.
    Este sistema necesita pensantes manipulables y dependientes, y el método suave y sin dolor es hacerles creer que se les puede condicionar lo que pueden pensar, o evitar que “PIENSEN” determinadas cosas.
    Cuando hablo del sistema, me refiero al proceder de la mayoría de los integrantes de esta humanidad. Los padres, los familiares, en el colegio, en la calle, con las parejas, etc. Por todas partes se detecta el uso de este “ignorado” mal entendido de “hacerle sentir a la persona que no sabe pensar”.
     Hasta se dice de manera directa “no piensas bien”, “no sabes pensar”, “tienes que aprender a pensar” “deja de pensar esas cosas”, etc.
     Cuando le dicen a alguien que su manera de pensar es incorrecta, o que no es la mejor, ella está sintiendo que le dices que “no sabe pensar”.
     Claro, esa no es la intención, pero nadie se ocupa de aclarar que el “ACTO DE PENSAR” O EL “PENSAR” es un acto que  no hace falta defenderlo de nadie, excepto de uno mismo.
    Es posible que muchos adultos estén todavía luchando y defendiéndose para que no les impidan pensar y esa es la razón de su mal carácter crónico.
    De hecho, mucho del odio entre las personas es un odio sin fundamento real, pero producto del “mal entendido” de que se le puede impedir a uno que piense.
    Un mal entendido; es una conclusión “verdadera” a la que ha llegado el pensante y basado en esa verdad, es su actitud o su manera de proceder.
    No está demás reflexionar este dato, te puedo garantizar que de niño por la experiencia vivida se llegan a conclusiones a veces muy alejadas de la verdad, y esas verdades son eso “una verdad”. Si no se reconsideran, se llega a viejo con esa misma “verdad”.
    Cuando dicen “mono no se ve su rabo”, estás verdades son unos de esos rabos. Son verdades, son correctas, son lógicas y se mira a través de ellas, “no se ven”.
     Los países crean sus constituciones, y en unión con otras naciones crean reglas y normas para establecer derechos y deberes comunes. En ellas se reglamenta la libertad de expresión, no se toca el acto de pensar
     La mayor parte del disgusto o molestia que experimenta una persona cuando se le corrige, no es tanto que no soporta estar equivocado, su mayor dolor es que cree recibir la puñalada en lo único que puede hacer completamente libre, “el acto de pensar”.
    El pensante que se siente agraviado, por lo general culpa la manera en que se le llamó la atención. Que yo sepa son poquísimos los padres que tratan a sus hijos con despotismos, o tratándolos, de hacerlos sentir mal.
    Es tan delicado el punto, que algunas personas a pesar de tener la responsabilidad de un personal de trabajo o de la familia se inhiben de llamar la atención o de corregir los errores a otros por temor a la reacción “ya conocida” de la persona.
    A esas personas reactivas, violentas, o que callan pero se llenan de odio, la solución es aclararle el punto.
    Explíquele que él es un pensador libre, que ni usted ni nadie le puede impedir que piense y que no piense lo que desee. No existe ningún peligro de que alguien pueda entrar en su cabeza y pensar por él.
     Otra cosa son las reglas del juego, con usted y con quien sea, existen condiciones para las acciones o el contenido de la comunicación.
    Y son estás cosas las que se corrigen, se juzgan y hasta se penaliza a quien las incumpla.
    Profesores, maestros, educadores en general, no insistan en que están enseñando a pensar a sus alumnos, ellos ya saben pensar y lo saben tan bien, que si no se sienten a gusto se van a pensar a otro lado.
     Lo menos que se le chequea a un alumno, es si puede pensar con los datos que se le han dado. ¡Claro! orientarlos a que ejerciten el acto de pensar no está en el programa de estudio.
     Si el joven no puede pensar con los datos que se le están dando, no los podrá poner en práctica, pero si los recuerda al pie de la letra, lo premian.
    El cómo se logra que piense con los datos que le están dando, se resuelve cuando esto entre en el objetivo de la educación. 
    Un buen pensador se hace a sí mismo, y lo hace pensando por iniciativa propia, lo hace pensando por gusto.
    Un buen pensador no sale de la fábrica del sistema educativo, de hecho la mayoría de los emprendedores que están deslumbrando el mundo con sus ideas coinciden en que se salieron de la manada de corderos del sistema educativo.
   Cuidado amiga(o), la solución no es huir del sistema educativo, es solo un cambio de actitud, y para ese cambio de actitud debemos validar el poder absoluto de pensar que se tiene.
    Cada vez que reflexionas, analizas, observas, inquieres, investigas, te haces preguntas, estudias o lees para pensar con la información, etc. Te estás ejercitando como pensador.
    No dejes que pase un día sin dedicarte un tiempito a pensar en algo que te guste, y si lo haces con la clara intención de estar ejercitando el acto de pensar te volverás tu propio maestro en el arte de pensar.
    Pero no solo dejaras de ser un pensador superficial, vas a estar recuperando tu “poder con los pensamientos”, y con ello vas a cambiar  tu mundo interior. Que no me cabe la menor duda que lo harás para bien, para sentirte como lo deseas.
   Tienes el poder de cambiar tu vida, de mantenerte en el cauce de tus sueños y relamerte de gusto. ¿A quién esperas para volverte un gran pensador?
    Ha sido un grato placer querida amiga(o). Que tengas buen provecho con el dulce almíbar que estás cocinando con tu libertad de pensar. 

    Nos vemos pensante.