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domingo, 19 de junio de 2016

YO PAPÁ

                 POEMA

Todo hombre que tiene hijo, es papá,
pero no todos sienten ser padres.
Para ser papá basta que las testosteronas
se alboroten y dé como resultado hijos
que no se estaban deseando. Así comenzó
la vida de muchos de nosotros, llevados
de la mano por el instinto animal, sin
un asomo de consciencia para predecir
el presente y el futuro de unos hijos
nacidos como un efecto secundario
que estorba a un placentero amor.
Hay que vivir la lucha interna entre ser
papá para llegar a sentirse padre de verdad.
Es una lucha dura, ya que los sentimientos
que deben aparecer implican la luz del
amor que debe florecer para disfrute de
quien esperamos nos hagan sentir orgulloso
de ser su padre o continuar como papá llevando la
irresponsable vida de buscar placer por placer.
¿Cómo pedir amor a un hijo si no se le ha dado?
¿Cómo pedir comprensión a quien no se le
consideró cuando pasaba la inclemencia de
un tiempo sin la protección de un padre?
Llegar a dejar de ser papá solo por el ADN
que el hijo lleva en la sangre, para
sentirse un buen padre, es el triunfo contra la cultura
y la tradición machista heredada de nuestros
ancestros, pero no es la gloria lo que se consigue,
se experimenta el peso de las consecuencias
por los errores cometidos al ver marchitada la
vida de esos hijos que no se han podido recuperar
del tiempo de oscuridad vivido, por no tener un
padre que sintiera lo que ellos sentían,
que soñara lo que ellos soñaban, y que
sufriera lo que ellos sufrieron. No es
fácil llevar el peso, pero el amor lo puede
todo y al llegar a sentirse padre, ya nada
ni nadie puede impedir que se experimente
ese natural sentimiento, aunque los hijos
afectados que no hayan superado sus resquemores
castiguen con el desprecio y la indiferencia a quien
ahora se siente orgulloso de decir; ¡es mi hijo!, ¡es mi hija!.

 Autor: Emilio Fernández