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jueves, 28 de julio de 2016

DE UN DIARIO ABANDONADO

                    POEMA
No importa si eres hombre o mujer,
léeme, y donde me encuentre sabré
que se ha roto el silencio que me envuelve
y otra mente verá las cadenas de mi soledad.
Canté victoria antes de tiempo, celebré
llenando las copas con mentiras y el
veneno de la infamia me está matando
en este momento en cualquier lugar donde
me haya llevado el dolor, para que sienta
y aprenda a reconocer el amor y no viva
entre la inocencia y la ignorancia, soñando
sin oler el mal aroma que identifica a un
falso amor. El verdadero amor es el
sentimiento que tiene mayor cantidad de
falsos imitadores que desean aprovechar
sus bondades para sacar provecho y lograr
sus macabros objetivos. Estos amores de
oficio te llenan de promesas y halagos
para desviar tu atención al artificial ego
y no puedas tomar en cuenta las respuestas
que esté dando tu alma y tu corazón.
Exaltada hasta la insaciable vanidad, me
recree con la alegría de creer ser amada
de acuerdo a las adornadas y fantasiosas
historias de mitos amorosos rebuscados
en la imaginación de afamados escritores.
Me deleite en las falsas nubes de ensueño
y no me di cuenta que estaba a punto de
deshacerme para derramar torrenciales llanto
cuando abriera los ojos al sol y su luz me
hiciera ver la verdad. Los milagros, la fama
y las bondades del verdadero amor no son
solo cuentos bien elaborados para hacer
vivir una realidad ilusoria a quienes sueñan
con encontrar el amor de su vida; es la verdad
que: entre lo bueno y lo malo, entre lo bello
y lo feo, entre la guerra y la paz, entre el orden
y el caos, la esclavitud y la libertad, quien
impone las distancias es el amor verdadero.
El amor no tiene precio y vale tanto como
vale la vida, pero fue con un falso amor con
el que me engañaron, me deje deslumbrar
y corrí a sentarme en el altar donde me
besarían los pies y enzarzaban mis atributos
e intelecto. No querías retardos para disfrutar
las bondades del amor soñado y me entregué
en alma, mente, cuerpo y corazón; confiada
que había sido afortunada de encontrar el
amor apenas amaneció el corazón recordando
emocionado que esa noche había soñado
por primera vez con el amor, y que un hombre
sin rostro ya estaba en camino para anunciar
que me amaba. Nunca le mire a profundidad
sus ojos, divague por sobre sus pupilas de
contacto, no me preocupe por palpar los latidos
de su corazón cuando me besaba, nunca pregunte
a su alma si estaba allí a gusto conmigo o era
cómplice en un plan bien elaborado para
conseguir conquistas, y yo, ya formaba parte
del record que pensaba establecer y sumar
mi corazón a la cadena de corazones rotos
que debe estar luciendo entre sus amigos y
escondiendo para que no lo vea la próxima
victima. Leídas estas notas, has roto mi silencio
y has enviado un mensaje de esperanzas 
a un corazón refugiado en la oscura soledad.

Autor. Emilio Fernandez