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viernes, 1 de julio de 2016

¿TE COMPARARAS COMO PENSANTE?

     VEN Y OBSERVA EL GRAVE ERROR QUE COMETES

      Hola amiga(o) pensante. Ya tienes una profesión o quizás has aprendido unas cuantas actividades que te permiten ser reconocido como alguien que piensa.
     Estás demostrando que eres un pensador, si te comparas con otro estás obligado hacerlo con lo que están produciendo en la misma especialidad, pero no debes compararte tú, se compara el producto.
     Si te comparas tú, estás quemando inútilmente en esa hoguera el 99% de tu capacidad pensativa que nada tiene que ver con hacer esculturas o con ser mamá.
     Nada tiene que ver tu calificación de pensador el que alguien según la opinión de la sociedad sea mejor poeta, escritor, matemático, maestro, mamá o papá, que tú.
    Nadie determina por ti cuan eficiente eres con el “ACTO DE PENSAR”. Estaría determinando la satisfacción que debes sentir.
    De hecho hay un gran peso psíquico negativo en los casos de los que ya son pacientes o presentan una conducta juzgada como anormal o incorrecta, con esto de compararse como pensador u operador del acto de pensar con los demás.
     Se crea una ansiedad por ser como se piensa que piensan los demás. Se vota por la borda el poder, pensando que no sirve, el que sirve es el poder de pensar de otro.
    Es una tendencia común del pensante, cuando está perturbado por algo, confundido o de bajo estado de ánimo, “GENERALIZA”. Deja de ser objetivo y especifico.
    El pensante con algún grado de descontrol del acto de pensar, piensa que está mal, (pero se refiere a todo él). “nadie lo quiere”, “todo lo que hace le sale mal”, “es de mala suerte”, etc.
    Cuando un pensante se compara él, está comparando su acto de pensar, y de no ganar según lo que opinen otros, el impacto lo recibe en su confianza y control del acto de pensar.
    Pero recuerda, con el acto de pensar no solo piensas para ser mamá, papá, o médico, con el acto de pensar piensas todos los aspectos de tu personalidad y desenvolvimiento presente y futuro.
    De seguro has vivido la experiencia de alguien tratando de sacarte de control del acto de pensar. Si lo permites, serás dominado o te pones en desventaja.
   Has observado, cuando alguien pierde el control “no piensa bien”, actúa de una manera irracional.
    Además, con el acto de pensar tienes que producir toda la energía emotiva que necesitas, para mantener el equilibrio mental y no ser causante de accidentes o enfermedades a tu cuerpo físico, así que no es algo para descuidar.
    Y sobre todo necesitas el acto de pensar para hacer las correcciones, perfeccionar tu arte, especialidad o aspecto de tu personalidad que quieras mejorar.
    Declárate un pensador, asume ese rol con toda premeditación y alevosía, ya sabes que lo eres, pero esta manera de saber qué piensas, ha causado que dejes de observar lo que estás haciendo y el producto que son los pensamientos no te están dando toda la satisfacción que esperas de ti.
     El ser un pensante no se discute ni se compara, es un riesgo innecesario. Es igual que creer que alguien puede impedir que pienses.
     La transformación positiva del mundo que nos rodea es imposibles sin la transformación positiva del mundo propio.
     Si lo que ocurre fuera de ti, causa que tu mundo interior se deteriore, tienes el mismo mal entendido. Estas creyendo que tus pensamientos los producen los acontecimientos o las personas que te rodean.
     Estas confundiendo motivos con causa, los motivos son factores a considerar cuando se trata de entender, ¿por qué se pensó lo que se pensó?, pero “LA CAUSA”  es el pensante que produjo la idea.
    A la hora de hacer correcciones, los motivos solo dan pistas para observar el cuando y como produjo esa tonta idea de que “es un mal pensante” u otro decreto tonto que haya hecho y aún lo mantiene activo.
    La materialización de los pensamientos es el objetivo fundamental de un pensante, cuando pierde control del acto de pensar, no puede diferenciar entre los pensamientos fuera de contexto con la realidad, o lo que es conveniente para su vida, y experimenta efectos no deseables.
     El estado de inconsciencia del pensante que se genera por la pérdida de control del acto de pensar, es el estado resultante de los pensamientos que están activos fuera de contexto. Caso extremo; “se cree Napoleón Bonaparte”
    Parece un círculo vicioso; mientras más mal se siente, más descontrolado piensa y más empeora. Más empeora, más descontrol.
     Detener el descontrol dejando de pensar, es como soltar el volante del carro para evitar una tragedia.
    El acto de pensar se controla pensando. (En mi libro “Haciendo Nada” te indico una manera de ejercitarte, usando el principio del estado de Nada).
    Para no llegar a estas condiciones peligrosas de descontrol del acto de pensar, no desvirtúes tu poder, te lo niegues o lo pongas en discusión al compararte con los demás como pensante.
   La sociedad y los que te rodean están juzgando tus acciones, tus obras y aquellos pensamientos que comunicas, y tú lo haces con los demás, ese es el juego, y aquí lo que hace falta es conocimiento, datos, información.
     Pero no está en juego tu integridad como pensante, y soy de los que creen que tú no te vas a menospreciar o anular por gusto.
     Como pensante eres intocable, pero… (Nunca falta un pero) tú mismo te puedes hacer pedazos.

     Ha sido un grato placer compartir. Que tengas buen provecho en tu rol de pensador.   Nos vemos pensante.