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viernes, 16 de septiembre de 2016

PARA DEJAR DE HACER, DEBES DEJAR DE SER

     ¿POR QUÉ CUESTA TANTO DEJAR LOS MALOS HÁBITOS?
    Hola amiga(o) pensante. Dejar de hacer lo que se está haciendo mal, es la solución que salta a la vista, tanto para el que lo hace como para los observadores.
    La solución se ve sencilla, por lo que hasta los profesionales de la medicina te lo recomiendan de inmediato: “deje de comer grasa” “deje de ser sedentario y camine”, “deje de fumar” “deje de pensar negativo” “abandone esos malos hábitos”, etc.
    Luego llega la persona a casa y les dice a todos sus familiares, el doctor me recomendó “esto y esto”. Y todos confían que como es el afectado, el que está padeciendo, el que está poniendo su vida en peligro; va a empezar de inmediato a “dejar de hacer lo que está haciendo mal”.
    ¡Sorpresa! No, no es sorpresa, vemos eso todos los días. El querido familiar o amigo no muestra ningún interés en dejar de SER como ha venido siendo.
    Le gusta tanto SER como es, que la muerte le está haciendo señas, pero prefiere enfrentarla que dejar sus maravillosos pensamientos de los que se siente tan orgulloso.
   Esa manera de pensar fueron conclusiones de sus mejores momentos de inspiración, sus obras maestras con las que marcará la historia de su vida.
    ¿Sabes dónde está la raíz de esa “aparente” negatividad para dejar el mal hábito? Que la persona le gusta su manera de pensar, quizás quiera cambiar el hábito o lo que hace mal, pero sin cambiar su manera de pensar y por ende su manera de SER.
    Es cierto que los pensantes cuando están pasando por ciertas situaciones críticas, tratan de buscar alivio en otras acciones. Como por ejemplo “le da por comer”, “beber licor”, le provoca dormir, etc.
     Se excede en estas acciones para amortiguar los efectos de la crisis que vive. Ella lo sabe y lo saben a su alrededor, que esa solución le va a traer más dificultades que las que tiene.
    Pero la solución le da su recompensa, le da una ganancia, tiene algo positivo que ella necesita y prefiere morir con esta solución que experimentar de nuevo los efectos de la crisis no resuelta.
    El pensante se ha hecho un doble nudo de pensamientos o de decisiones, no puede dejar el vicio (solución), si no confronta el mal que está tratando de tapar.
     La persona prefiere los efectos secundarios, muchos de ellos mortales, de los tratamientos para la depresión, estrés, o pastillas para los malestares físicos por las angustias y preocupaciones, que confrontar sus pensamientos.
    Y como te decía, él o ella ama su manera de pensar, ama sus pensamientos. Su actitudes o manera de ser, es la forma que se conoce y como se ha dado a conocer todo este tiempo.
    Así es que se identifica y lo identifican, si cambia, no lo van a reconocer. Y como el mal inunda la mente de muchos pensantes, quienes le rodean quiere que cambie, “pero que siga siendo el mismo de antes”. ¡Que vaina!
    Hace unos cuantos años le dije a uno de mis hijos mayores; “el Emilio que tú conoces lo voy a desaparecer”. No me entendió y aun creo que no lo ha hecho.
    En ese entonces estaba haciendo una revolución interna, sacando de raíz mis maravillosas conclusiones y decisiones que hicieron ese Emilio con el que me di a conocer todos esos años.
    Es curioso oír cosas como; “no es el mismo de antes”, “deben ser los años que le están pegando”, y bla,bla,bla.
    Así que mí querido pensante, si quiere evolucionar a la velocidad de un cohete: renovase, actualícese, pero para ello debe estar dispuesto a dejar de SER.
    Y debe estar dispuesto a incomodar a quienes se sentían muy cómodos con el viejo traje que usabas para relacionarse con ellos.
    Usted decide. Ha sido un grato placer. Que tengas buen provecho, como decidas SER.         Nos vemos pensante.