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lunes, 19 de septiembre de 2016

UN CASO MUY EXTRAÑO

     NO PUEDE SANAR SU CUERPO CON LOS PENSAMIENTOS, PERO SI PUEDE ENFERMARLO.
    Hola amiga(o) pensante. ¿No te parece curioso que los pensantes puedan enfermar su cuerpo con los pensamientos y que no puedan curarlo?
    La única manera que no se pueda sanar el cuerpo de los efectos de los pensamientos, es que sea falso que lo enferman o alteran su funcionalidad normal con la “manera de pensar”.
    Si crees lo primero no veo porque dudar lo otro, si estás de acuerdo en ambas cosas, debieras preguntarte; ¿Cómo es que no puedo sanar mi cuerpo o lograr que se restablezcan sus funciones normales?
    La mayoría de los pensantes viven causándole problemas a su cuerpo con sus pensamientos, luego quieren que el brujo, el experto en pensamientos, o los médicos hagan magia.
    Desean que los curen de sus males, pero ellos; “bien gracias”, ¿Cuánto le debo?
    No hacen nada por ellos, pero si entienden que es su “manera de pensar”, la que lo está predisponiendo a vivir en un solo sufrimiento físico, y vivir muy preocupados, “porque no se quieren morir”.
    Sueñan con llegar a viejitos, durar muchos años con salud, para disfrutar los nietos, tataranietos y chorreras de muchachos. Pero… no tienen el suficiente interés para entender como le hacen para lograr afectar de manera negativa el cuerpo, y usar el mismo procedimiento para revertir la condición creada.
    Y más importante aún, saber, cómo “no” seguir cometiendo ese castigo contra su cuerpo, porque de que le duele, le duele. No es cuento o que se lo está imaginando, lo que siente el cuerpo lo siente él, ¡y vaya que sufre una barbaridad!
    Pero qué incongruencia. Saben que es su “manera de pensar” la que debe corregir, pero es tan difícil pensar, que no pueden parar de hacerlo todo el día.
     Si puedes pensar sin parar las veinticuatro horas del día, entonces, no hay problemas con “poder pensar”. La falla debe estar en la manera que lo estás haciendo.
    Pero esta “manera de pensar” no se refiere al tipo de pensamiento, de si es bueno o malo lo que piensas; o de si es negativo o positivo. Esta manera de pensar se refiere a cómo estás ejecutando “EL ACTO DE PENSAR”.
    Enfermas el cuerpo cuando no tienes CONTROL del acto de pensar.
    Haz visto alguna vez, algo fuera de control, a ver; recuerda a alguien o algo que se haya salido de control. Dime si lo que ves es orden, armonía o resultados positivos.
    Lo que se observa son efectos negativos de dolor y muerte. Algo o alguien que esté fuera de control, se puede decir, que está ocurriendo un accidente, y que puede terminar en una tragedia lamentable.
   Quizás alguien se excuse diciendo que controla “más o menos” el acto de pensar, pero este “más o menos” no es suficiente. De hecho la mediocridad es justamente hacer eso, o ser de esa manera en todas las cosas que se hacen en la vida.
    Aquellos con buena memoria, miren a ver desde que nacieron, para ver cuando comenzaron a pensar de manera descontrolada.
   Momentos de furia, miedo, o cuando no podían parar de pensar en algo que no querían seguir pensando.
   Es la suma de todos esos momentos de descontrol que los convirtieron en pensadores “compulsivos”, y que ahora les cueste tanto asumir el control, con pleno dominio de lo que quieren pensar.
    Es cuestión de entrenamiento, ejercicio o práctica con el acto de pensar, lo que permite reestablecer el control.
   No tienes que levantar pesas, ni subir escalones, no es un ejercicio físico, es lo mismo que haces todo el día, “PENSAR”.
   Pero no como lo has venido haciendo, hazlo con consciencia y el claro objetivo de ganar control. Si no tienes un método de ejercitarte, busca por allá arriba que he hablado de “Haciendo Nada”. Ejercicio para recobrar el control perdido del acto de pensar.

     Ha sido un grato placer, que tengas buen provecho con tu control recuperado.    Nos vemos pensante.