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viernes, 28 de octubre de 2016

UNA MANERA DE MORIR DE UNA ENFERMEDAD

LA SALUD DE TU CUERPO DEPENDE DEL CONTENIDO DE LO QUE PIENSAS.
    Hola amiga(o) pensante. Es curioso, cuando te sientes bien ni cuentas te das que tienes un cuerpo físico.
   A veces deberías prestarle atención y darle un buen acuse de recibo por su excelente comportamiento. Más adelante te digo porque.
    Cuando algo está mal no hace falta que averigües que sientes o como te siente. Si de algo no puedes quitar la atención es de los síntomas cuando te sientes mal.
   Todo aquello que se SIENTE (bueno o malo) recibe del pensante una consideración o interpretación. Esta consideración o idea es la que va determinar el futuro de ese sentir.
    En el caso de que lo que se sienta en el cuerpo sea desagradable, doloroso o moleste de alguna manera, de inmediato el pensante emite una consideración al respecto. El malestar puede ser por alguna causa pasajera, pero el emite su opinión concluyente de lo que debe tener.
   Si examinas esta idea o consideración, vas a observar lo que estás a punto de decretar o estás decretando, cuando sientes los síntomas.
   Por lo general estas consideraciones visualizan un temor futuro a una enfermedad, o tienen un contenido nada positivo o de confianza en que se va a curar o desaparecer el malestar.
   El tiempo que permanece el malestar, da pie para que el pensante reincida una y otra vez con su misma consideración y de esta manera imprime en la mente lo que considera que es la causa o lo que va a pasar con lo que está sintiendo.
   Ha considerado que debe ser una mortal enfermedad que tiene, y cada vez que el malestar le atrapa la atención, se siente más SEGURO de que es “algo malo”. Este algo malo es cualquier enfermedad que haya oído que provoca esos síntomas.
   Cuando se decide ir al médico, está deprimido y segurísimo que el doctor le va a dar la razón. Está asustado y no quiere oír el diagnostico, pero está seguro que le va a decir que tiene la enfermedad que está pensando.
   Que decepción cuando el doctor le dice que no tiene esa mortal enfermedad. Así que va a otro para que le confirme su pronóstico. Y si este le da los mismos resultados, va a otro y a otro hasta que alguien le dice que le quedan seis meses de vida.
   Ahora si está satisfecho, él sabía todo el tiempo de que tenía esa enfermedad mortal.
   ¿Hasta qué punto este pensante estuvo con sus pensamientos promoviendo esta enfermedad en su cuerpo?
   Cada caso es un caso diferente, pero ya es bien sabido que el pensamiento tiene mucho que ver con la salud física. De hecho, existe una rama de la medicina llamada “epigenética” (estudio de las interacciones de los genes y el entorno) que considera el pensamiento como un factor determinante.
   Detrás de muchas de las enfermedades que hasta ahora no hay una cura definitiva, se considera con mucha seriedad factores como el estado de ánimo, las emociones, el estrés, etc.
    Tú vas a estar de acuerdo porque esta afirmación se ha dicho por décadas por diferentes autoridades en la materia.
    Lo que no han dicho, es como curarte con el pensamiento después que has metido la pata enfermando el cuerpo. O como inmunizarse para que tus pensamientos no te enfermen.
    Lo primero que tienes que saber es que el estrés, las emociones o los estados de ánimos de baja calidad, como depresiones, apatías, etc. No son la CAUSA.
   Oye bien; “NO SON LA CAUSA” estos deplorables estados son solo consecuencias de los pensamientos, pero además, ni siquiera los pensamientos son “LA CAUSA”. La CAUSA eres tú como pensante.
   Y el error que puede estar cometiendo el pensante, no es pensar negativo, o pensar intencionalmente contenidos en sus pensamientos para enfermarse porque quiere morirse.
   Su única falla es “EL CONTROL DEL ACTO DE PENSAR”. Tan es así de cierto, que el pensante hace todo lo que puede para controlar su pensar, pero no puede mantener el control.
    Es fácil comprobar si un pensante está deseando sufrir hasta morirse con una de esas horribles enfermedades. Ninguno lo desea, ni en ningún momento tuvo deseos de pensar pensamientos que lo fueran a enfermar.
    Para inmunizarse de tus propios pensamientos debes atender el control de “la actividad pensativa”. Ya te he explicado como desde la infancia hemos venido entrenándonos para padecer de descontrol. (Entradas anteriores). Y te he explicado como ejercitarte.
    Al principio te dije que cuando tu cuerpo está bien, ni cuenta nos damos que tenemos un cuerpo.
    Bien, estos momentos son ideales para que compruebes como tu bienestar físico está sustentado por unas buenas consideraciones acerca de tu cuerpo. O por lo menos no tienes ninguna idea de contenido negativo hacia su salud.
    Esta actitud de complacencia o tranquilidad hacia tu cuerpo le cae como una bendición. No sufre interferencias ni se siente presionado y puede hacer lo que mejor puede hacer “sobrevivir”.
   Aquellos que deseen usar su pensamiento para recuperar la salud, vayan preparándose recuperando control de la actividad pensativa. (“Haciendo Nada”, así se llama el libro donde explico la importancia del acto de pensar y como recuperar el control). Aquí he explicado de distintas maneras lo que puedes hacer.
    Ya estoy escribiendo un método sencillo que he desarrollado y puesto a prueba para que rehabilites la salud de tu cuerpo, pongas orden en tu mente y puedas hacer realidad decretos para convertirte en el pensante que sueñas ser.

    Ha sido un grato placer. Buen provecho con tu buena salud. Nos vemos pensante.