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lunes, 12 de diciembre de 2016

HOLGAZANEANDO EN NAVIDAD

                           POEMA
En la temporada navideña me vuelvo flojo
y perezoso. Me detengo para ver cómo se mueve
el mundo, dejo de ser un caminante activo para
observar como caminan los demás. Es curioso
no había notado que las suelas de mis zapatos
están desgastadas, y que en el cerro que queda
al frente de mi casa la vegetación ha reverdecido
por los intensos aguaceros. Todo ha cambiado a
mí alrededor, hay nuevos detalles en los detalles
que me llaman la atención; uno de ellos es ver
que la gente envejece, los jóvenes ya no se ven
tan jóvenes, algunas canas cruzan como estrellas
fugaces el oscuro cabello que aún predomina y
sus sonrisas van acompañadas de arrugas
irreverentes que se niegan a obedecer de no
formar parte de la expresión que quieren mostrar.
A pesar que veo el mismo sol que me encandiló
desde el momento que me obligue abrir los ojos
para ver por primera vez el rostro de mi madre,
no había notado que el sol parece estar de mal
humor, se pasa todo el día caliente y se acuesta
al atardecer caliente. Recuerdo que hace apenas
trescientos sesenta y cinco días la navidad de
ese momento me pareció desgastada, desabrida,
se perdieron tradiciones y el querido entusiasmo
no encontraba un rostro que lo mostrara como
es su costumbre aparecer vestido en las fiestas.  
De paso, siempre  hay alguien cuyo tema de
conversación es enumerar y comentar acerca de
todos los que murieron en esta temporada y en
este mi momento de pereza navideña no faltó
quien me recibiera en el comienzo de mi
holgazanería con un resumen dramático
de las rondas que hizo la muerte en el pueblo,
y rematando con la tradicional premonición;
“todavía hay unos cuantos que no van a
recibir el año nuevo; a la muerte le gusta fastidiar
y repartir amargo dolor a familiares y vecinos en
plena fiesta navideña. Y para que me quedara
tranquilo, el amable vecino me dijo; “cuídate”.

Autor: Emilio Fernandez