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martes, 24 de enero de 2017

EL PODER DE UN PENSANTE

UN DATO QUE TE VA A DAR MUCHOS BENEFICIOS
   Hola amiga(o) pensante. No importa que nombre le pongan a todos los desórdenes psíquicos, la causa es la misma; pérdida del control de la actividad pensativa.
   Los cerebros no pierden el control a menos que sufran un daño en su estructura o que al formarse lo haga de manera anormal. Sin embargo estos comportamientos resultantes no son conductas programadas, son disfunciones que alteran el proceso normal, dando un resultado o comportamiento que no es el considerado normal.
   Una persona que padece de un problema hereditario, como el Síndrome de Down, tiene un comportamiento anormal, pero estable. No se le puede catalogar como perdida de la cordura.
   La humanidad no se encuentra en tan reprobable condición social por causa de las personas que padecen de males hereditarios o accidentes cerebrales. LOS PENSANTES que padecen de algún grado de demencia, conducta o descontrol de la actividad pensativa, son los responsables de las malas condiciones de vida y salud que llevan.
   La herencia genética no es la causa de la locura, no es la causa de las depresiones, de sufrir los múltiples efectos del “estrés”, de enfermar el cuerpo o de tener la auto-estima bajo los pies de otras personas.
   La propia evolución hace su depuración y la memoria genética que está vigente es lo mejor en esta búsqueda natural de adaptación y mejoramiento para sobrevivir.
 La mayor parte de los pensantes se niegan asumir la responsabilidad del acto de pensar, es cómodo considerar que sus equivocadas maneras de proceder son por causa natural o hereditaria. De esta manera se justifica no hacer nada al respecto.
   Aquellos pensantes que viven con la esperanza de que la medicina genética se encargará de corregir todos sus defectos psicológicos y físicos, van a morir con sus males esperando las curas milagrosas.
   Ya es hora que los pensantes hagan conciencia de que nadie puede hacer por él, el acto de pensar. Nadie puede producir pensamientos por otro, por lo tanto nadie puede cambiar las conductas de otra persona o desaparecer las enfermedades que propicia con sus pensamientos o manera de pensar.
  Aquel pensante que le parece que es mucho trabajo “pensar” para sanar su cuerpo, o para hacerse de una fuerte personalidad, debiera considerar que igual está trabajando con el acto de pensar sin descanso.
   Prueba si tienes duda de lo que te voy a decir; más se cansa y se agota un pensante cuando piensa de manera descontrolada, que cuando tiene control del acto de pensar.
   La razón es muy sencilla; los pensamientos que produce cuando está descontrolado son basuras, son pensamientos que no lo benefician en nada, pero si lo convierten en un quejumbroso de tantas molestias, malestares y tipo de vida desordenada que lleva.
  No hay salida para esta humanidad que está presente en este planeta, ya no puede postergar la responsabilidad que tiene con lo que está sucediendo. No hay lugar donde hacer un retiro para lograr la salud y la paz interna, ni un bunker que lo proteja de los efectos negativos por  ser un mal pensante.
  He dicho que cambiar de decisión es fácil, pero no me preguntaron ¿Cuál es la razón para que se haga tan difícil dejar los malos hábitos? Y no hay otra respuesta que; aquellos que se les hace difícil cambiar de decisión, son malos pensadores.
   Un mal pensante es aquel que pierde el control del acto de pensar con facilidad, es aquel pensante que la mínima perturbación le altera y pierde el control, es ese pensante cuya decisiones reducen las probabilidades de sobrevivencia de él y el resto de los seres vivos; es aquel que se mantiene en control hasta que un hecho fuerte rompe su resistencia, se derrumba y luego no puede recuperar el control.
  Los malos hábitos que parecen imposible de cambiar son productos de ideas fijas, ideas que el pensante produjo y mientras no recupere el control del acto de pensar no puede cambiar de idea o de decisión.
  Cuando un cambio de hábito se hace con “esfuerzo”, tiene sus días contados para volver a caer, a menos que; el pensante aproveche el impulso para recuperar control del acto de pensar y mantenerse en el nuevo rumbo.
   Los cambios de ideas o decisiones son fluidos, livianos, ligeros, sin ningún esfuerzo; de hecho, al no causar problemas pasan desapercibidos y el pensante se fija solo cuando no puede o se le dificulta cambiar su manera de ser.
   Para recuperarse de los efectos negativos de los pensamientos, no basta con “pensar positivo”. La propuesta es loable, pero el asunto a resolver es el descontrol que padece el pensante, y este descontrol es el que no quiere confrontar ni el mismo paciente, mucho menos quien no está en su pellejo y teme que lo descontrole a él.
  Los casos extremos de locura asustan, no solo por lo impredecibles que son estos pensantes, “la tolerancia” al caos, al desorden, a la desarmonía, a la incoherencia, tiene sus límites o topes y cualquiera que esté en contacto con estos pensantes se puede quebrar su cordura. Por eso dicen que la locura es contagiosa.
   Hacerte un pensador en control firme del acto de pensar, te va a permitir no solo recuperar toda la salud física o mental que has perdido, te va a permitir “reprogramar” la memoria genética y todo el mejoramiento personal que sueñes.
   En la próxima entrada hablaremos de reprogramación genética, de un futuro lleno de salud y esperanzas factibles.

   Ha sido un grato placer amiga(o). Que tengas buen provecho con tu control.   Nos vemos pensante.