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martes, 7 de marzo de 2017

EL BULLYING DE HOY, ES EL MISMO ACOSO DE AYER

LOS ADULTOS QUE HOY SUFREN POR LO QUE PIENSEN O DIGAN LOS DEMÁS, SON LOS MISMAS VÍCTIMAS DE AYER.  
 Hola amiga(o) pensante. No importa de qué manera se recomiende, ni de qué manera se interprete, la mayoría coincide que en nada beneficia preocuparse o hacerse un problema, por lo que los demás digan o piensen de uno.
  Sin embargo, hay muchos adultos que viven con las antenas parabólicas todo el día, rastreando toda la comunicación que se refiera a ella.
   Es tanta la necesidad de saber lo que opinan los demás, que en su obsesión llega hasta alucinar, suponiendo lo que la gente piensa. Cualquier gesto, palabra o señal que capte, hace con ella una larga deducción de todo el odio, o maldad que la persona quiere para ella.
   Ahora no se trata de esos casos de una campaña de descrédito por las redes donde se difama a una persona con fines o intereses relevantes en la sociedad.
   Me refiero a esos casos dentro del seno familiar, de amistades, vecinos y compañeros de trabajo, donde es un hábito usar como tema de conversación la vida de las personas que no están presente.
   Más que hábito es un vicio y una reducida capacidad creativa que les ha obsesionado desde la infancia, en el desespero de encontrar motivación y entretenimiento que no pueden producir de otra manera. (La imaginación no les da para más).
   Ahora, el problema no son estos viciosos que no tienen reparos en afirmar como verdad todo lo que suponen o les llega a la imaginación, sin medir las consecuencias en la vida de la persona que en ese momento despotrican. El problema es el pensante usado como tema de conversación.
 Los que padecen este vicio de despotricar tienen una particularidad perversa, y es que deben lograr que le llegue por alguna vía al afectado todo lo que se dijo de ella. Si no le llega lo que se dijo no van a tener el gusto de verlo sufrir, no hay entretenimiento.
   Los pensantes que caen en estas redes de chismosos, y reconocen que no se deben mortificar por lo que piensen o digan, pero que sin embargo no pueden dejar de sufrir, tiene que reconocer que el problema es él.
   Los débiles “de mente o de carácter” como se suele decir, son los que se convierten en los elegidos para despotricar. En primer lugar, no tienen el coraje de confrontar cara a cara a otro pensante, y en segundo lugar, en su manera de reaccionar muestran las debilidades que traen desde su infancia y por ahí se ensañan.
   Todos fueron niños y compartieron con otros niños en el colegio, vecinos y familiares. Etapa donde se buscan las mejores posiciones de supervivencia en el grupo; el uso de la fuerza y capacidad pensativa son los recursos que están a la mano para los niños.
  Lo que hoy llaman bullying, (acoso) ha existido en todas las generaciones, es parte del entretenimiento. El hecho de que se haya convertido en un factor de destrucción de la mentalidad de un pensante, tiene que ver con la degradación de la misma sociedad.
   La sociedad “ahora llamada moderna”, no golpea o le pega a los niños, (está penalizado), sin embargo, no encontró como lograr reemplazar el castigo físico para evitar el deterioro mental o de la personalidad de sus hijos.
   Nunca vi a mis padres peleando con los vecinos, ni con nadie, pero desde que me reconozco, trataba de resolver los problemas con mis amiguitos o conocidos de la manera que ellos quisieran, los confrontaba y dejaba bien clara mi posición, ganara o perdiera. Sin embargo mi papá cuando se enteraba que tuve una pelea, me daba mis buenos correazos, ya que me insistía que con la violencia no se solucionan los problemas.
   Lo que él no me estaba enseñando, era como evitar que me convirtieran en el hazmerreír del grupo, y no terminara yo mismo degradándose. Así que tuve que arreglármelas para hacerme respetar
    Él, como la mayoría de los padres de ahora, desconocía cómo facilitar para que un niño fortalezca su capacidad pensativa y sea un pensante que se determine así mismo.
   La idea de que son niños que aún no piensan “bien”, conlleva la interpretación de que no tienen ningún poder con sus pensamientos, ni saben defenderse.
  Al igual que ahora, los padres esperan que sus hijos se hagan adultos para que aprendan a “PENSAR”. Por tal motivo, no se les puede dejar de ver como niños hasta que algún día se vayan del seno familiar. (Algunos quedan tan inútiles que nunca se van).
  Hoy día, hay muchos padres vivos que pueden ver sus hijos adultos padeciendo, por lo que piensen o digan los demás, y siguen repitiendo el mismo consejo, “no es bueno para tu salud mental”.
   Pero la solución no son consejos, no es teoría, es acción, es trabajo, es práctica para fortalecer el control de la actividad pensativa y tomar el control de tu vida.  Vida que es resultado de lo que piensas.
  Ya no hay la excusa que eres el niño o la niña más débil del grupo, esos traumas pasados son los mismos que se padecen ahora, y mantienen esa frágil personalidad.

  Ha sido un grato placer. Buen provecho con el poder de no volverte un efecto de ti mismo, por gusto de los demás.  Nos vemos pensante.