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lunes, 3 de abril de 2017

¿QUIÉN DIJO PREVENIR?

LA INTELIGENCIA DE LOS CEREBROS-PENSANTES.
  Hola amiga(o) pensante. Aquí estoy de nuevo, con mucho entusiasmo por compartir mis reflexiones y ofrecer nuevos puntos de vista para sacar el máximo provecho a la actividad pensativa.
  He observado que cuesta llegar a un nivel de humildad donde la arrogancia del ego desaparezca por completo. El solo hecho de ser la especie privilegiada con el don de pensar, nos hace creer que con eso tenemos solucionados todos los problemas de supervivencia.
  Ningún animal podría salvar el planeta, excepto el cerebro-pensante o ser humano. Él es el más inteligente de los seres que habitan en el planeta tierra.
  Es tan inteligente que no puede reconocer que está en proceso de cometer suicidio colectivo.
  No tiene ningún apuro en detener el derrumbe que está causando, porque es tan inteligente que en el último minuto lo va arreglar todo.
  Ama el peligro, ama la infelicidad, ama el sufrimiento de los demás. No es indiferencia, es adrenalina pura que le brota por las axilas.
  ¿Quién dijo “vamos a prevenir”?  Pregunta el cerebro-pensante, y se responde.  Prevenir no causa ningún tipo de emoción, ni siquiera se sabe si lo que tratas de prevenir nunca iba a suceder, para que perder el tiempo.
    El cerebro-pensante leyendo las noticias. “Le dio un accidente cerebro-vascular, a este le dio un infarto, aquel un paro respiratorio, aquel otro necesita una cura de sueño eterno, etc.”
  “La atmosfera del planeta está a punto de colapsar, el mar un basurero, el recalentamiento global producirá catástrofes, se extinguen las especies, etc”. Él piensa.- “Eso es asunto de los que estén vivo cuando esas cosas sucedan, mientras tanto vivamos nuestras únicas vidas que tenemos”.
  Este ser cerebro-pensante, virtuoso en la actividad pensativa, es incapaz de reconocer sus errores, y si padece de este gravísimo mal donde los hechos le han llenado las suelas de los zapatos de tachuelas, que no puede caminar sin lastimarse y pegar un grito de dolor, entonces no contemos con él para prevenir los males que vienen, y que ya se oye el tropel y se ve la polvorera a lo lejos.
  Yo los he estado invitando a PREVENIR, pero “algunos” piensan; “para que perder el tiempo en cosas que no han sucedido, teniendo tantas cosas que resolver en este momento, no tengo tiempo”.
   Luego vemos a estos “algunos”, que la enfermedad o los males que padece le impide hasta levantarse de la cama, y todas las cosas importantísimas que no podía desatender, no las atiende y el mundo no se acaba.
  Se muere y los demás siguen con sus vidas. La viuda o el viudo se buscan otra pareja si no están muy acianos; los hijos de vez en cuando lo extrañan, en el trabajo ni se acuerdan de él. Los amigos siguen con los otros amigos, y él o ella siguen difuntos, solo son un tema de conversación si alguien los recuerda.
   Hay otros  “algunos” que comentan lo que el muerto pudo haber hecho pare evitar la tragedia. Pero hablan de aquellos, no de ellos mismos que tampoco están haciendo algo para PREVENIR.
   La pérdida del control de la actividad pensativa es una de esas cosas vitales, las cuales hay que EVITAR.
   Para prevenir el descontrol del acto de pensar, y recuperar el control perdido, requiere trabajo, tiempo y paciencia.    Lamentablemente aunque se tenga mucho dinero, no se puede pagar a otro para que controle el pensar. Los manicomios y sitios especiales para recluir los casos extremos, siguen llenos de pacientes adinerados, y los que están en el hogar que no tienen como pagar, si no tienen su madre viva, es muy difícil que algún otro familiar soporte el trastorno o su locura.
  Es preferible que estos tercos “algunos” les dé una grave y mortal enfermedad física que un trastorno mental. Los médicos y enfermeras que atienden cuerpos enfermos, la gran mayoría soportan los quejidos de sus pacientes, pero a un trastornado con perdida grave del control de la actividad pensativa… mejor has la prueba, para ver cuánto tiempo lo soportas sin que tú pierdas el control. Eso le pasa a casi toda persona que no tenga un férreo control de su acto de pensar.
   De ahí que es preferible, tenerlos encerrados, con camisas de fuerza y pasarle la comida por debajo de la puerta, o bajo efectos de drogas que no tengan voluntad ni para mover los pies.
   El mal común llamado estrés o depresiones temporales, son anuncios de que se va a desplomar en cualquier momento el techo del cerebro. No hay que confiar en las pastillas que se acostumbra a tomar para soportar las crisis, ellas no son para curar el descontrol que se padece, solo ayudan a sobrellevarlo hasta cierto punto.
   Prepárate como si fueras a vivir mil años con buena salud física y un control imperturbable ante cualquier vendaval, no seas mezquino contigo.

   Ha sido un grato placer volver a reencontrarnos. Buen provecho con tu larga y excelente vida.   Nos vemos pensante.