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viernes, 19 de mayo de 2017

LA INDIFERENCIA Y LOS HÁBITOS

ACTITUD MORTAL Y DE ELEVADO COSTO
   Hola amiga(o) pensante. Cuando una persona se cura de una enfermedad, su alegría y agradecimiento los manda hasta el infinito, pero cuando evita que aparezcan esas mismas enfermedades, no le hace gracia, ni se da ningún mérito.
   Claro, como se va a sentir feliz, si ni siquiera se enteró si era verdad o no lo que estaba evitando.
   Para lo que a él respecta, puede ser hasta un tiempo y recursos perdidos. Seguramente nunca le hubiera aparecido cáncer en los pulmones.
   A él le consta que su abuelo murió de noventa y cinco años fumando y el doctor que le recomendó dejar el vicio, lo ha visto por los jardines disfrutando el aroma y la nicotina de embriagantes cigarros.
  Evitar no es excitante, no induce a sentirse vivo, con sensaciones, emociones y pensamientos que manden la adrenalina a sus niveles más altos.
  Evitar, precaver, tomar previsiones, anticiparse a probables hechos que no favorecen, es una actitud que pareciera no debe alentarse en las nuevas generaciones a través de la familia y el sistema educativo.
  Claro, lo que digo no es totalmente cierto, a los jóvenes si se les muestra lo que le puede pasar en el futuro si no “evita” ciertas cosas.   Somos una sociedad de gran énfasis en las recomendaciones, consejos y teorías, pero el “has lo que yo te digo porque si no, bla, bla…” no va enfatizado con el ejemplo, con la demostración de que quien habla lo está haciendo y le ha dado buenos resultados.
  Independientemente de la educación teórica, cada ser pensante vino a esta vida con antecedentes. Nadie, ni él mismo recuerda si ha vivido antes.
  Así que, el rumbo que le da a su vida a veces rompe la lógica de la psicología popular y especializada. Nació en un hogar infernal, y su vida es de un ciudadano ejemplar. Nació en la corte del rey y es un asesino en serie por traumas de la infancia, según el diagnóstico de expertos.
  Nació y se crió en la miseria y ahora con fortuna es un buen samaritano, pero otros de igual caso, su actitud es egoísta y de venganza contra la sociedad o su familia.
  Hay dos factores en la vida de una persona que son vitales y que le es fácil darse cuenta de la importancia que tiene evitar. Una es su cuerpo físico, todo lo que le pase al cuerpo lo siente, le duele, no tiene para donde correr.
  De niño metió un dedo en la toma corriente, ya es un adulto y sabe la estupidez que cometió, por lo menos eso lo evita.
  Se pueden mostrar imágenes fuertes, de todo tipo de cosas que le pasan a los cuerpos humanos, para que lo eviten, y la indiferencia, y lo hábitos son más fuerte que la voluntad.
  Y la sociedad grita, ¡es falta de consciencia! Esta consciencia que tanto claman, la ven como la causa del problema, pero, que vaina que nunca falta un pero. Saben la causa pero no les sirve para solucionar el problema.
  Algo que va contra la lógica, saber la causa del problema es saber la solución, o por lo menos donde enfocarse. Pero en este caso de lo que llaman “falta de consciencia”, parece que ese concepto de consciencia es falso, no aporta nada para la solución. ¿Será que habrá que redefinir para darle el uso adecuado en este contexto?
  El otro factor que le importa mucho, muchísimo a una persona, es lo que pasa dentro de su cabeza o en su mente. Le pasa como el niño que huye de su sombra, cuando cree que se ha escapado y mira, vuelve a pegar el grito y a espantarse.
  Entonces, la salud o el bienestar físico y mental son los dos grandes problemas de todo pensante. Si algo es real para él, es su cuerpo físico y lo que ocurre en su “cabeza”.
   En estas dos cosas es que llamo tu atención para que te intereses en evitar.
  Si quieres vivir cien años, debes evitar muchas cosas, si vives curando y reparando el cuerpo, es posible que dures cien años, pero la mayor parte del tiempo en una cama sufriendo latigazos como un condenado a muerte. Tú decides.

  Ha sido un grato placer.  Buen provecho con tu buena salud, date un buen acuse de recibo. Nos vemos pensante.