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viernes, 23 de junio de 2017

SIN VITALIDAD NO TIENES VIDA

APRENDE A RECONOCER CUAL ES LA CAUSA
       Hola amiga(o) pensante. Quizás te has estado preguntando; ¿cómo se consigue la vitalidad, la energía o el vigor para vivir?
    Cuando una persona se siente sin vitalidad, lo primero que piensa es que a su cuerpo le hace falta algo. Debe necesitar vitaminas, minerales, reconstituyentes o una buena alimentación.
   Bueno si eso es toda la verdad¸ ¿qué hace aquel bien papeado, comiendo en la cama si ganas de levantarse?  ¿Y aquella que tiene el ánimo por el piso y no le provoca mover un pie?
  ¿A qué se debe ese desgano que todo se deja para hacerlo después? ¿Es falta de salud, o de vitalidad? ¿Es un problema físico o del pensante?
   Muchos pensantes tienen sus cuerpos bien nutridos, no padecen de una grave dolencia o enfermedad que les impida ser activos. Pero como pierden tiempo. Justamente lo único que no pueden comprar.
   Pasan la mayor parte de su vida desperdiciando el tiempo de vida y cuando les anuncian por alguna grave enfermedad que es posible que se le acabe el tiempo.
   Entonces si quieren vivir a plenitud y hacer todo lo que no hicieron en los pocos días que le quedan de vida.
   A esa actitud le dicen procrastinar, palabra de poco uso, pero es la que encaja en ese estado o condición en la que caen con frecuencia los pensantes.
   A veces se confunde flojera, pereza, indolencia; como quiera que la llamen, como la causa de esa falta de vitalidad. Y como mencionamos en párrafo anterior, a que el cuerpo está débil y le deben faltar vitaminas.
    Mamá preocupada por los hijos les compra todos los reconstituyentes que puede, para que tengan mucha energía para estudiar.
  No mi querida mamá, amiga(o). Cuando su cuerpo tiene una falla que le rompe su equilibrio, él de inmediato se lo dice. Pone la alarma con algún síntoma “FÍSICO”, entendió.
  Para que un cuerpo impida que un pensante haga lo que está dispuesto “hacer”; tiene que estar en muy, pero en muy malas condiciones para impedirle que lo haga.
   ¿Cuántos no están haciendo de tripas corazón para arrastrar un cuerpo en malas condiciones para hacer lo que han decidido hacer?
   Entonces mi querido pensante, la vitalidad, la energía que se necesita para vivir, para llevar a la acción lo que se decide, no proviene del cuerpo.
  Esa energía la produce el pensante. Llámese entusiasmo, ánimo, voluntad, coraje, ganas o echarle bolas, esa es la vitalidad, esa es la energía cuyo responsable de producir es el pensante, no su cuerpo. (Admiro la vitalidad del astro-físico Stephen Hawking, cuyo cuerpo casi no lo ayuda)
   Se oyen voces.  “Pero toda la vida ha sido un flojo”, “no le gusta trabajar o estudiar”.
    Mire mi amiga(o) pensante. Para esas actividades quizás no le dé la gana por la causa que sea de producir energía para accionar, pero observe que si hay cosas que hace con tantas ganas que no le importa que llueva, truene o relampaguee. Para esas si produce la energía.
   Ahora si usted quiere saber ¿porque no le gusta?, o ¿porque antes tenía entusiasmo y ahora no lo tiene?, no lleve su cuerpo al doctor o al nutricionista, el asunto está en su mente.
   ¡Ojo! pero no es la mente la que está mal, ella está cumpliendo los dictados del pensante.
   “La mente se arregla arreglando al pensante”.  Es decir, si quiere arreglar su mente, porque de ella salen dictados para volverlo un empecinado procrastinado, comience por ejercitarse para recuperar el control de su actividad pensativa.
   El fabricante de pensamientos está enredado entre sus propios pensamiento y no sabe cómo desenredarse.
  Él es el problema y más le vale que se dé cuenta a tiempo. No vaya a ser que luego necesite ese tiempo.

    Ha sido un grato placer.  Buen provecho con tu vitalidad y tu tiempo.   Nos vemos pensante.