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sábado, 2 de diciembre de 2017

EL LLANTO QUE EXTRAÑO

              POEMA
Bendita madre, te extrañé
cuando el eco de mi llanto,
la salinidad de las lagrimas
y el moco infantil alborotaron
mi paladar, y el maná de tus
senos aplacaron el hambre,
haciendo que mi llanto  
se transformará en sonrisas
de satisfacción.
El llanto y la risa, la alegría y el dolor
se entrecruzaron en el devenir
de mi vida, y aprendí que:
el llanto de un niño, compadece,
el llanto de un padre, conmueve, pero,
el llanto de una madre, parte el alma.
Llantos, llantos reflectores de dolor
que sondean en el misterio para que
aflore el alivio, llantos,
llantos con la pretensión desesperada
que la realidad que se vive desaparezca,
y todo siga igual que antes.
El llanto calcina el alma de quien lo oye
y el viento se retira angustiado con
su dolorosa carga, sin poder
desprenderse de ella por más que se
sacuda y sople como un huracán.
Se puede llorar en silencio,
pero el alma aumenta su agonía,
mientras el llanto a viva voz
permite esparcir el martirio,
previniendo que el alma sufra
una súbita muerte de sentimientos.
Extraño la risa, pero no tanto
como aquel llanto que me llevaba
a tu pecho, para saciar el hambre
y ser enternecido por tu amor
maternal.
Llanto, llanto, como te extraño.
 Autor: Emilio Fernández