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viernes, 25 de mayo de 2018

¿ATORMENTADO DE TANTO PENSAR LO MISMO?


¿QUE ESTÁS HACIENDO PARA EVITARLO?
   Cuando existe un desorden mental, o un pensar descontrolado, el tormento que sufre el pensante lo lleva a condiciones deprimentes, de desesperación, perdida del sueño, etc.
   Por lo general, cuando los pensantes se sienten afectados por un pensar descontrolado, optan por tratar de no pensar, parar la mente o parar los pensamientos para solucionar el problema,
  Otros buscan pensar en algo que les agrade para salir del remolino de pensamientos o recuerdos.
  Otros intentan hacer alguna actividad que logre atraer su atención, de tal manera que no le permita volver de manera involuntaria al pensar y pensar, que los está atormentando.
  El cambio de atención es una solución que se tiene a mano. Pero muchos pensantes han llegado a un punto donde es imposible ya, por voluntad propia cambiar la atención. O quitar la atención del asunto.
  La fijación a que está sometida su atención es superior a su voluntad. Es superior a su control del acto de pensar, y no pueden salir del remolino de pensamientos o recuerdos que lo mantiene alterado.
  Todos en algún momento necesitamos calmarnos, serenarnos, pero para eso necesitamos controlar el pensar compulsivo que se padece producto de las circunstancias que se están viviendo.
 Hay algo curioso que debes prestar atención. Obsérvate cuando estés pensando una y otra vez el mismo asunto, y tu mente te repite y repite el mismo cuento y quieres dejar de pensar en ese asunto. Observa que ahí en el fondo de ti, hay como un deseo de seguir pensado, quieres abandonar el tema, pero tú necesitas, deseas seguir pensando.
   Hay como una necesidad de llegar alguna parte, y pareciera que en algún momento: ¡fua! Llegó la luz, se aclaró el entendimiento y se logró la tranquilidad.
  Para el pensar descontrolado, la primera dificultad es no tener claridad de quien o que es el que piensa. ¿Estás claro en eso?
  Si se cree que la mente o el cerebro es lo que piensa, este entendimiento le dificulta al pensante ubicarse, y sobre todo no sabe de donde proviene su ATENCIÓN. Y lo que intenta hacer es que la mente se concentre en ella misma. Algo así como ella tratando de usar un programa de auto-corrección como el que se les instala a los procesadores.
  Aquellos que te dicen, “enfoca tu mente en esto”, “tienes que enfocar tu mente”, etc. yo les pediría que se expliquen mejor: de repente las palabras no son las adecuadas. Se está hablando de enfoque y eso se refiere a la “atención”. Y la atención no proviene del cerebro o la mente.
  “Enfocar la atención”. Solo la vida, o el ser, puede hacerlo. Los mecanismos, como los modernos procesadores robóticos, imitan la vida. Detectan o captan lo que se les programe, pero este enfoque no es de la ATENCIÓN, que estamos hablando. 
  No hay dudas, una mente puede estar funcionando de una manera que lo que trae a la memoria es repetitivo. Como decían antes, “un disco rayado” (discos de acetato que se rayaban y cuando se ponían a sonar la canción, se pegaban repitiendo el sonido).
  Estas repeticiones excesivas atormentan al pensante. En la vida real, si quieres “sacar a alguien de quicio”, en otras palabras, hacerlo estallar, perder la paciencia o perder el control, repítele y repítele algo.
  Tu mente te puede “sacar de quicio”, y si has probado parar la mente, cambiar la atención o intentar pensar en algo diferente y, aun así, no puedes calmarte, hay que reconocer que se padece de una debilidad o se carece del suficiente poder o voluntad para auto-controlarse e imponer control a la mente.
  Si el pensante no pierde el control, no hay desorden en su casa. Hay control, hay orden en todo aquello que dependa de él.
  Sepárate como pensante de tu mente, de ti fluye la atención, no de tus ojos, ni de tu cerebro. Puedes usar cualquier canal de percepción del cuerpo para usar la atención. Prueba concentrarte en algo que veas, oigas, sientas, huelas, etc. El organismo permanece procesando las señales que recibe, está como concentrado en hacerlo, pero la diferencia la pone el pensante cuando se enfoca en lo que percibe a través del cuerpo.
  Prueba pensar sin poner atención en lo que piensas o en lo que recuerdas (viene de la mente), como cuando andas distraído. Y luego observa la diferencia cuando lo haces fijando la atención.
  Te haces consciencia de lo que percibes y la realidad de ese hecho o de esa percepción puedes experimentarlas con lo que opines o consideres de ella. Es decir, si consideras que no te gusta, eso es lo que experimentaras.
   De ahí que los pensantes optan por tratar de no percibir o de no prestar atención aquellas cosas que le desagradan. En su mundo hay unas cuantas cosas que no les agradan y tratan de evadirlas, hasta que no encuentran un lugar donde meterse. (Acumuladores).
  Necesitan recuperar las mil maneras de percibir la realidad, y no quedar fijos, atorados en aquellas cosas que lo atormentan.
   Ha sido un grato placer. Buen provecho pensando lo que te guste.  Nos vemos pensante.