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lunes, 30 de julio de 2018

LA INCOHERENCIA DE PENSAMIENTOS


UN PENSANTE INCOHERENTE, SU PERSONALIDAD ES PRODUCTO DE IDEAS INCOHERENTES
    Hola amiga(o) pensante. Las incoherencias que puedan existir en las ideas producida por un pensante a lo largo de su vida y que todavía mantiene formando parte de su personalidad. Lo hacen ser una persona de actitudes contradictorias, sin armonía e inseguro.
  El pensante pierde enfoque para poder profundizar en sus reflexiones en búsqueda de respuestas, y en la recuperación para un despertar que lo conecte con su esencia, con la verdad.
  Mientras el pensante siga en pie, algún equilibrio tiene que lograr, no importa en qué grado de inconsciencia se encuentre. Las diferencias entre unos y otros es, que tanto pueden resistir al desorden mental, o las emociones negativas y la tendencia a enfermar el cuerpo.
  Una incongruencia relevante ocurre con el rol de pensante cuando este considera o ha llegado a creer por acuerdo, que con la muerte del cuerpo se acaba todo. Con esta creencia tiene que mantener firme la idea de que el cerebro, también llamado mente es el que piensa, es la genialidad de esta masa cerebral la que ha aportado maravillas en el campo de las ciencias, la tecnología, las artes, la música, las letras, etc.
  Y aquellos que consideran o creen en un antes y un después de esta vida, deben tomar una decisión coherente, acerca de si se continúa siendo pensante después de la muerte del cuerpo.
  La gran mayoría piensa que su esencia es de una naturaleza diferente a la física. Así que lo mejor que puede hacer es no contradecirse.
   Si se es un pensador, lo ha sido y lo será con o sin el cuerpo físico. Sin esta certeza de su rol de pensante, la incoherencia le hará perder eficiencia con sus pensamientos.
  El pensante con sus pensamientos o creencias deben hacer coherencia. En el grado que estén contrastando sus pensamientos, la realidad obtenida, o la realidad que experimenta le resta o lo disminuye en consciencia, en su capacidad de discernimiento, entendimiento y sabiduría.
  El desconocimiento causa que el pensante suponga ideas acerca de cómo debe ser la realidad que desconoce. Suposiciones usadas para asumir puntos de vistas que le deforman la visión, y la realidad producida de esta manera es como una ilusión óptica. Ilusión que se convierte en su creencia y se comporta en base a ella.
  La sabiduría no es la capacidad de aprender lo que otro ya ha pensado, es la capacidad de ser creativo, de sacar a luz nuevos conocimientos, respuestas; de promover nuevos puntos de vista o ideas que causen el desarrollo en cualquier campo.
  Pero para ser creativo o producir conocimiento el pensante tiene que involucrarse. Tiene que lanzarse a la piscina de cabeza y hundirse por completo en el agua y la incoherencia no lo permite.
   Va ser un pensador errático que no puede llegar a profundizar en sus observaciones, análisis o discernimientos para producir ideas innovadoras o ampliar su luz o consciencia acerca de algo. Su consciencia va ser generadora de poca luz.
    Consciencia es luz o el estado de ser que se crea el pensante con sus pensamientos por propia iniciativa. La llamada consciencia producto de percepciones que se procesan a través del cuerpo, no es el estado de consciencia del pensante.
   Para un loco de carretera, su cuerpo sigue procesando lo que percibe y recibe, quien perdió la cordura o consciencia fue el pensante, no el cuerpo o el cerebro.
   La contradicción o la incoherencia de las consideraciones o creencias disminuyen la consciencia, y el pensante se muestra poco inteligente, lleva una vida normal, superficial y no puede sacar a relucir todo su poder creativo.
  El pensante cuyas ideas fundamentales no son coherentes entre sí, son personas inseguras de sí misma. Su vida no parece tener sentido, y vive preguntándose; ¿Quién soy, de donde vengo, a donde voy? y se conforma con las acciones rutinarias del día a día y las distracciones sociales.
  El pensante que quiera saber acerca de algo un poco, o mucho, más allá de la información que tiene acerca de ese asunto o tema, tiene que involucrarse, y no puede padecer de contradicciones en sus creencias acerca de ese mismo asunto. Es como si al mirar un objeto, el ojo izquierdo viera algo distinto a lo que ve el ojo derecho, y el cerebro igual está obligado a dar una interpretación, le da una visión ilusoria, alejada de la realidad.
  Para reconocerse como pensante y asumir el rol de pensador consciente y responsable de los pensamientos que se producen, hay que deshacer las incoherencias o contradicciones que existan acerca del tema, y para ello no deben existir ideas fijas o radicales que el pensante no se atreva a reevaluar con objetividad.
  Las ideas adquiridas o cordadas, que no son producto de la observación directa, tienden a ser interpretaciones casi siempre alejadas de la verdad de lo que se le quiere mostrar.
  Así que el pensante que no le gusta tomarse su tiempo para reflexionar o hacer su propia observación de lo que le dicen o estudia, casi nunca entiende, pero él jura que con sus conclusiones entendió. Y se pierde una buena oportunidad de producir su propia luz, su propia consciencia que tanta falta le hace.
  No hay más remedio que trabajar con ahínco, el despertar espiritual no va a ocurrir con el paso del tiempo, la edad o los miles de años sumados con los años de sus vidas pasadas, no lo van hacer evolucionar sin que el pensante haga nada.
  Volverse un pensador eficiente requiere coherencia de las ideas fundamentales que sostienen la personalidad o la actitud para un asunto n particular.
  Ha sido un placer. Buen provecho siendo coherente. Nos vemos pensante.