UNIDOS POR LA PAZ MUNDIAL

  


UN LLAMADO A LA ACCIÓN CONSCIENTE

Hola, amigo(a) pensante. El adagio popular "En la unión está la fuerza" resuena con una verdad fundamental. Sin embargo, la validez de esta máxima se ve empañada cuando la unión se utiliza para propósitos cuestionables. En nuestro planeta, la humanidad enfrenta una necesidad urgente: reducir drásticamente los niveles de violencia, agresión y conflictos armados, y en su lugar, cultivar una paz duradera.

Al observar a la sociedad, encontramos innumerables personas adultas y mayores que, con la perspectiva que les otorgan sus años, lamentan no haber podido vivir en una atmósfera de paz social que les permitiera dedicarse a una vida más plena y armoniosa. Ahora, muchos anhelan encontrar esa paz esquiva en el plano espiritual.

Sin embargo, centrar la búsqueda de la paz únicamente en el bienestar personal o en un futuro trascendente después de la muerte puede interpretarse como una visión limitada, mezquina. Debemos considerar el legado que dejamos a nuestros descendientes: hijos, nietos, bisnietos y todas las generaciones venideras. ¿Podrán ellos prosperar en un planeta consumido por la violencia y la división? La supervivencia de la humanidad y la integridad de nuestro hogar planetario dependen de nuestra capacidad para trascender la fuerza bruta y la agresión como medios para alcanzar nuestros fines.

Cada acción individual en favor de la paz mundial, por pequeña que parezca, constituye un aporte significativo. La moralidad es una brújula que reside en nosotros, y es precisamente desde nuestro mundo interior donde emanan las contribuciones genuinas a la paz global. Aquel que carece de paz interior difícilmente podrá promoverla en el exterior. La tendencia a aplicar los mismos métodos violentos utilizados para combatir nuestros propios conflictos internos en la interacción con el entorno solo perpetúa un ciclo de dominación y exterminio, ofreciendo una paz ilusoria basada en la supresión del otro.

Un "enemigo" puede ser percibido como cualquiera que se oponga a la privación de sus derechos legítimos. En la era de la sobrecarga informativa, la objetividad se diluye, dificultando la mediación, la reconciliación y la construcción de acuerdos. En este contexto, las justificaciones para la agresión y la eliminación del "otro" proliferan.

Nuestras actitudes personales al interactuar con los demás son un barómetro de nuestra contribución a la paz social. Aunque los líderes de grupos con poder de decisión a menudo ocultan las amenazas que representan, la calidad de nuestras interacciones cotidianas revela nuestro compromiso real con la paz.

Fomentar la desunión y la división son estrategias bélicas. Trágicamente, muchas familias, inconscientemente o por ignorancia, socavan los beneficios de la unidad al permitir que el descontento y las emociones negativas arraigadas erosionen sus lazos.

Finalmente, es crucial reconocer que algunas personas, a través de la autodestrucción o la adopción de comportamientos perjudiciales, disminuyen su capacidad para aportar positivamente a su entorno familiar, incluso a través de la simple presencia de tranquilidad y equilibrio emocional. Para proteger y fortalecer a la familia, es fundamental priorizar nuestra salud física y mental, reduciendo así la probabilidad de convertirnos en agentes perturbadores. Si bien lo inevitable puede ocurrir, mantener una conciencia activa y un interés genuino en minimizar el impacto negativo es esencial para la propia paz, la paz en familia y nuestro aporte a la humanidad.

Autor: Emilio R. Fernández Ramos  

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